POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Cursaría yo, los 22 años, más o menos. Y un día el ing. Delfín Romero, me dijo: “Aproveche de leer todo lo que pueda, porque a mi edad se va a arrepentir de no haber leído todo” y agregó: “Nunca deje de leer mientras pueda, eso lo hace a uno diferente”. Y uno siguió leyendo. Sigue leyendo.
Así, en ese navegar por los rincones del pretendido saber, me encuentro con unas notas que hablaban de que el isotipo del Mundial ‘78, se habría inspirado en las manos de Perón -su clásico gesto- rodeando a la pelota.
Y ahí, uno piensa: Hay países que discuten ideas. Pero en la Argentina discutimos símbolos. Los interrogamos, los ensalzamos o los destruimos. Y si hace falta, se les inventa una historia.
Hace unos días volvió a circular una de esas hipótesis que, sin pedir permiso, se instalan: la que afirma que el logo del Mundial ’78 -esa pelota envuelta en dos formas celestes y blancas- no es lo que parece. Que en realidad son manos. Y no cualquier manos: las de Juan Domingo Perón.
La escena es tentadora para quien gusta de convertirlas en un relato para compartir. Lo primero que nos asalta es preguntarnos ¿Qué tiene que ver el Mundial ‘78 con Perón? Si el “Pocho” había fallecido cuatro años antes. Y ahí está la clave.
Porque el Mundial ‘78 se organizó en los años del regreso de Perón, pero se jugó bajo otra lógica, más oscura, más rígida, más silenciosa. El símbolo cambió de dueño pero no de forma. Y eso, en sí mismo, ya es profundamente argentino.
Recordemos, para los ‘70, el país vivía la euforia del Líder que volvía del exilio. Aquel era un país que se reorganizaba y el Mundial comenzaba a pensarse como una gran vidriera internacional. Y en el medio, un diseño que -dicen- condensabo todo eso en un gesto: el de unas manos abiertas, protegiendo, conteniendo, ofreciendo.
Ahora bien, no existe evidencia firme de que el logo haya sido concebido como una alegoría peronista. No hay diseñador que lo haya confesado, ni documento que lo sostenga. Pero hay algo más sutil e interesante: la forma.
Porque esas líneas curvas no son neutras. Tienen algo de humano. No son meros trazos geométricos: parecen abrazar. Y en un país donde la política se ha narrado siempre en clave afectiva -el pueblo, el líder, el abrazo-, adquiere la versión cierta lógica y ver ahí unas manos no es un delirio. Es, si se quiere, una lectura culturalmente entrenada.
Pero también es un síntoma más profundo: la necesidad de encontrar sentido político en todo. Incluso en aquello que tal vez no lo tenga. O, peor aún, que lo tenga sin saberlo.
Porque el diseño, como arte, nunca es completamente inocente. Respira el aire de su tiempo. Absorbe sus climas, sus gestos, sus obsesiones. Y aunque nadie haya dibujado deliberadamente las manos de Perón, es posible que esas manos, como idea, como clima, como presencia, ya estuvieran en el aire.
De allí que tal vez lo correcto no sea preguntarnos si son las manos de Perón, sino, porque, una vez advertida la posibilidad, tendemos a pensar “Cierto…, parecen las manos de Perón”. Una respuesta primera sería porque en el imaginario colectivo, la memoria evoca el gesto del líder
Por último, resulta significativo y hasta necesario, quizás, preguntarnos esto porque en la Argentina nada es del todo lo que parece. O quizás, porque ese logo se convierte, otra vez, en la historia que queremos contarnos. –
© – Ernesto Bisceglia
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Ernesto Bisceglia es periodista, escritor y docente. Autor de una extensa obra ensayística y narrativa sobre historia argentina, política, religión y cultura cívica, con más de treinta libros y ensayos con premios nacionales e internacionales. Columnista en diversos medios y conferencista, desarrolla una mirada crítica e histórica sobre el poder, la democracia y la identidad argentina. Dirige www.ernestobisceglia.com.4
