POR: Lic. RODOLFO CEBALLOS – PERIODISTA Y ESCRITOR – www.ernestobisceglia.com.ar
Si bien la guerra tripartita entre Israel con ayuda de EEUU e Irán es ultramisilística, también lo es cognitiva, es decir, que se libra en las mentes de los combatientes por la acción psicológica usada. Es una batalla por la percepción, el miedo y la moral, tanto de sus pueblos como de la comunidad internacional.
El viejo maestro de lo bélico, como fue Sun Tzu, autor del famoso “El arte de la guerra”, destacaría de nuestra actualidad que Israel, Irán y EEUU usan a fondo la acción psicológica. Se detendría a observar que tienen el “arte” de engañar al enemigo, desmoralizarlo y manipular su percepción.
El combate cognitivo no necesita tecnología renovada, solo especialistas en el conocimiento profundo de la mente humana. La acción psicológica busca ganar el control cognitivo del adversario, dominar más su cuerpo, usando el ardid, la sorpresa y controlar las expectativas.
En Medio Oriente, por efecto de la acción psicológica, las mentes se convirtieron en campo de batalla. Se asiste a una guerra asimétrica a nivel psicológico. Los contrincantes son igual de astutos y preparados para influenciar cognitivamente al otro.
Irán cerró el estrecho de Ormuz como acción psicológica de intimidación estratégica, de impacto económico y simbólico. Usa la debilidad energética, la dependencia del petróleo que tiene el enemigo.Y con esa acción psicológica agregó otra: difundió imágenes de misiles balísticos con pegatinas que incluyen la foto de Pedro Sánchez, presidente de España, y mensajes de agradecimiento por sus declaraciones contra la guerra en Gaza. El objetivo fue vincular la postura crítica de España con la narrativa iraní de resistencia frente a Israel.
A su vez, Israel aseguró el respaldo militar y político de Washington, mostrando a Irán como una amenaza inminente. Produjo la percepción de que Irán estaba aislado y enfrentaba una coalición poderosa.
La guerra está conducida por la política y, cuando se ejerce la acción cognitiva sobre la mente del enemigo, la maneja la psicopolítica. Tanto la psicopolítica como la acción psicológica militar reconocen que la mente es el terreno decisivo. No se trata solamente de la destrucción física, la cuestión es digitar narrativas, símbolos y emociones. La lógica de dominar exige sutilezas psicologistas que hacen al poder político más eficaz.
El petróleo, el dominio territorial y la cultura milenaria de la fuerza religiosa también actúan como variables para manipular y dirigir conductas bélicas.
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