Gracias Milei: Ahora Irán ya nos trata como enemigos

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

Un viejo dicho en el campo de la diplomacia enseña que “Más importante es lo que no se dice que lo que se dice”, y a nosotros, los argentinos, la historia nos ha obsequiado con un presidente que dice más de lo que hay que decir. Peor aún, el sujeto juega la suerte de nuestro país a sus caprichos y veleidades personales, a sus fanatismos y fantasías, antes que pensar en los verdaderos problemas de los ciudadanos.

Su tendencia a la sobreactuación y al desplante histriónico lo empuja a expresar en los foros internacionales sentencias que pueden acarrear graves peligros para los argentinos. Que el presidente quiera alinearse con los marcianos o los venusinos si así le gusta es un problema de él; pero eso queda a lejana distancia de lo que estamos pensando los demás. Votamos a Milei para que arreglara -o intentara arreglar- el desastre, el desguace que habían hecho los kirchneristas.

Y mientras aquí se acumulan la pobreza y el cierre de comercios -realidades que no admiten relato-, la agenda presidencial parece desplazarse hacia conflictos que nos son completamente ajenos.

Además, estos son datos duros de la realidad, no es opinión ideológica ni política. Por eso reitero, quiero que me indemnicen el voto.

Encima, ahora somos enemigos de un país que la mayoría de los argentinos no tiene idea dónde queda. Y para que eso ocurra, no hizo falta una declaración formal, ni un decreto, ni siquiera una escalada diplomática clásica. Bastó algo más moderno, más ligero y más peligroso: la palabra presidencial convertida en arenga bélica.

La Argentina ha logrado, en tiempo récord, un pequeño prodigio geopolítico: pasar de la irrelevancia prudente a la enemistad declarativa. No por un conflicto concreto, no por intereses estratégicos en disputa, sino por la decisión unilateral de su propio presidente de inscribirse -con fervor casi místico- en una narrativa ajena.

En el día de ayer (16-marzo-26), desde Teherán, el diario estatal Tehran Times recogió el guante. Y no lo hizo como un blog marginal o un comentarista excéntrico, sino como lo que es: una voz alineada con el poder. Allí se afirma que la Argentina “ha cruzado una línea roja y se ha colocado del lado enemigo” y que esa posición no puede ser ignorada.

NR: El acceso directo al artículo original del diario Tehran Times presenta intermitencias. No obstante, el contenido del editorial ha sido reproducido y confirmado por diversos medios internacionales, que coinciden en señalar que el texto advierte que Argentina “lamentará su enemistad” y cuestiona el alineamiento del gobierno de Javier Milei.

No es una declaración de guerra. No todavía. Pero en política internacional (por lo dicho “ut supra” sobre decir y no decir) las palabras son hechos en potencia. Y cuando esas palabras emanan de un jefe de Estado -en este caso, Javier Milei- dejan de ser opinión para convertirse en señal.

La tradición diplomática argentina, con sus matices y contradicciones, supo durante décadas moverse en un delicado equilibrio: ni protagonista temerario ni espectador ingenuo. Esa prudencia, muchas veces criticada por tibia, evitó sin embargo que el país se convirtiera en actor secundario de conflictos que le eran completamente ajenos.

Así, transcurrimos dos Guerras Mundiales y decenas de conflictos bélicos sin alinearnos, incluso siendo garantes de paz entre países. Claro, con excepciones como la de Carlos Menem que terminó vendiendo armas (saqueadas a nuestros cuarteles) a uno de los países beligerantes cuando éramos precisamente “garantes de paz”.

Hoy ese equilibrio parece haber sido reemplazado por otra cosa: una política exterior emocional, casi performática, donde el alineamiento no se mide en intereses sino en afinidades ideológicas declamadas a viva voz.

Y el problema no es moral. Es práctico.

Porque en un mundo donde las tensiones escalan con facilidad alarmante, declarar enemigos -aunque sea en términos retóricos no es gratis. Tiene consecuencias. Se traduce en riesgos, en posicionamientos, en eventuales costos que no serán asumidos por quienes pronuncian los discursos, sino por la sociedad en su conjunto.

Hemos tocado la puerta a un mundo donde existen actores dispuestos a llevar los conflictos hasta sus últimas consecuencias, la liviandad discursiva no es una excentricidad: es una irresponsabilidad.

Pero vamos al hecho de que la historia ofrece suficientes ejemplos de cómo comienzan estos procesos. Casi nunca con un hecho irreversible, sino con una cadena de gestos, palabras y decisiones que, acumuladas, terminan por cerrar caminos.

Argentina no necesitaba un nuevo enemigo. Mucho menos uno elegido por afinidad ideológica en un tablero que no controla.

Pero aquí estamos.

A veces, para entrar en un conflicto, no hace falta cruzar fronteras. Alcanza con cruzar ciertas palabras.

© – Ernesto Bisceglia

Ernesto Bisceglia es periodista, escritor y docente. Autor de una extensa producción ensayística y narrativa sobre historia argentina, pensamiento político y cultura cívica, cuenta con más de treinta obras reconocidas con premios nacionales e internacionales. Como columnista y conferencista, aborda el presente desde una perspectiva histórica orientada a comprender las transformaciones del poder y la identidad argentina. Dirige www.ernestobisceglia.com.

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