POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Las palabras del título corresponden a una opinión expresada por Fernando Morales, presidente de la Liga Naval Argentina, al medio Realpolitik. En esa nota, Morales, traza el cuadro severo del estado de postración en que estamos en materia de defensa nacional.
Son los problemas de estar gobernados por un esquizofrénico, que, por una parte, alucina con formar parte de una constelación galáctica que fluye de la Estrella de la Muerte, y por otro lado, posterga al país a una condición miserable como no tenemos memoria. Lo secciona y lo ofrece como quien reparte un pastel de cumpleaños.
En el mes de diciembre pasado, este gobierno nacional les vendió a los argentinos la ficción de que dimos un salto tecnológico con la incorporación de los aviones F-16, de los cuales ahora ninguno puede volar porque no hay pilotos, no hay presupuesto, no hay armamento ni tampoco pistas apropiadas. Además ¿Qué son seis aviones para defender un territorio tan inmenso como la Argentina?
La guerra imaginaria de un chico con retraso madurativo
El ciudadano, Javier Milei, está más preparado para jugar con un joistyk y amaestrar perros fantasmas que presidir un país. Y en sus ratos libres salta como un desaforado en algún evento internacional de fanáticos anarco-capitalistas.
Por una cuestión de linaje histórico, de patriotismo y al fin, de sencilla argentinidad, por respeto a los muertos por la Patria, no es lógico subirse a título gratuito a una guerra que ni nos interesa ni nos compete.
Pero Milei, nos ha ofrecido y le ha ofrecido el país a uno de los países beligerantes con condiciones que ofenden a los argentinos que están pasando hambre.
Carece de todo sentido que el nombre de Argentina se vea envuelto en esta situación cuando nuestras Fuerzas Armadas están en un estado de debilitamiento frente al escenario internacional. En realidad, no existimos en ese terreno.
Desde que otro delirante como Carlos Menem, nos ingresó en la Guerra del Golfo, donde tampoco teníamos que hacer nada, no sólo no se invirtió en la Armada Argentina. El kirchnerismo, sobre todo cuando la terrorista, Nilda Garré, fue ministro de Defensa, barcos como el Santísima Trinidad, se hundieron en la rada por falta de mantenimiento. Perdimos más de cuarenta marinos con el hundimiento del submarino ARA San Juan. Lo que no pudieron hacer los ingleses, lo hizo el kirchnerismo.
¿Vamos a ir al Golfo Pérsico con los mismos barcos que llevó Menem? O ¿Vamos a prestar marineros y soldados para que vayan en barcos ajenos? Todo es un despropósito.
Imaginemos a nuestros soldados con sus históricos FAL 7,62 mm -excelente arma-, frente a los modernos M7 6.8×51 mm de los marines. Sería como una visita al Museo Histórico Nacional.
Falta inteligencia
No falta inteligencia como servicio de espías, que en nuestro país jamás sirvió más que para perseguir ciudadanos argentinos. Ya lo supo definir Juan Domingo Perón, cuando le dijeron cierta vez: “Tenga cuidado general, ese es los servicios de inteligencia” Y Perón, respondió: “No se haga problemas, los de inteligencia son como la bosta de paloma, no dan olor ni sirven para nada”.
Nos falta inteligencia y formación política y estratégica para pensar el país en el marco de hipótesis posibles de conflicto. Si hoy nos invadiera Bolivia, no tendríamos más de cuatro horas de fuego y luego deberíamos pedir disculpas por las molestias y dejarlos pasar.
Tampoco puede existir defensa nacional sin presupuesto. Esto no se soluciona comprando unos aviones y unos cuantos vehículos. En este sentido, deberían leer aquel discurso “Perón habla sobre defensa nacional” pronunciado en la Universidad de la Plata en 1949.
La Armada carece de destructores, de corbetas, de submarinos y de aviones. La Fuerza Aérea, vuela los IA3-Pampa, que quedaron operativos que son para instrucción. Los presumidos F-16, seguirán guardados, y al Ejército Argentino le compraron unas decenas de vehículos para un momento en que las guerras se libran desde un teléfono. En resumen, no tenemos ninguna capacidad operativa.
En estas condiciones, ofrecerse para guerras ajenas no es un gesto de valentía sino de inconsciencia. Un país que no puede custodiar su propio mar ni su propio cielo no está en condiciones de prometer sangre en desiertos lejanos.
Antes de elegir enemigos, sería prudente tener defensa. Porque, si llegara la hora amarga de una guerra, como bien dice el título, Argentina no sería un aliado: sería un estorbo.
© – Ernesto Bisceglia
Ernesto Bisceglia es periodista, escritor y docente. Autor de una extensa producción ensayística y narrativa sobre historia argentina, pensamiento político y cultura cívica, cuenta con más de treinta obras reconocidas con premios nacionales e internacionales. Como columnista y conferencista, aborda el presente desde una perspectiva histórica orientada a comprender las transformaciones del poder y la identidad argentina. Dirige www.ernestobisceglia.com.
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