POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Por estos días se reinicia el rito de la reivindicación de “los compañeros caídos en la dictadura”. Es válido, es necesario resguardar la memoria. Pero también es válido decir que cuando la historia no se cuenta completa, lo que se está reivindicando es una mentira.
Antes de que los muchachos del “campo nacional y popular”, esa rara avis no muy definida y en todo caso ya perimida, se rasguen las vestiduras acusándonos de “fachos” y todos esos epítetos que no saben muy qué significan pero quedan bien al adorno del discurso de barricada; diremos enfáticamente, que condenamos todo tipo de dictadura. Que somos enemigos de todo tipo de censura, de dogma -ya político o confesional- y que hemos demostrado nuestra ferviente defensa del orden democrático.
│ “Cuando la historia se cuenta incompleta, lo que se está defendiendo no es la memoria: es la mitad de una mentira.”
De la misma manera, condenamos los procedimientos utilizados por los militares a partir del Golpe de 1976, porque no había derecho de operar con esos abyectos procedimientos ya que ellos ¡Eran el Derecho! Eran la Ley.
Pero la historia, señores, es una sola. Y está abonada por hechos, testimonios, documentos, que no sólo son inalterables sino y sobre todo, indiscutibles.
Lamentablemente, hay que recordarle a los muchachos “Nac & Pop”, que su “jefa” -ahora presa por desfalcarnos el país-, les ha robado también la historia. Porque crecieron escuchando la mitad -o menos- de la historia que realmente ocurrió.
En algo hay que coincidir con los “K”. Fueron sinceros cuando hablaron de “relato” y de “memoria”, pero nunca hablaron de historia. De ahí que para los adoctrinados la historia negra comenzó en 1976, como si los hechos de los hombres fueran como los hongos que florecen de golpe luego de la tormenta.
│ “El golpe de 1976 no cayó del cielo: fue el efecto de una violencia política que la Argentina venía incubando desde hacía décadas.”
Nos respalda la historia al decir que el Golpe del ‘76, no fue CAUSA, sino EFECTO, de lo que venía ocurriendo desde 1955. Así que “changos y chinitas” (diría el villancico), les falta en el “relato” medio siglo de sucesos que la mayoría no tiene ni idea de cómo fueron las cosas y por qué se llegó a estado de barbarie cometida por los militares.
“La vida por Perón”
Pronto estará en la calle nuestro último libro “1976 – La verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad-, donde decimos que el problema de la represión comenzó con la caída de Perón a manos de esos facciosos, indolentes y traidores a la Constitución Nacional y al Pueblo, que se autotitularon “Revolución Libertadora”.
La contraparte estuvo en las palabras de Perón, pronunciadas desde el balcón de la Casa Rosada, el 28 de agosto de 1955: “Por nuestra excesiva tolerancia nos hemos ganado el derecho a reprimirlos (…) y cualquiera que conspire contra las autoridades legalmente constituidas, puede ser muerto por cualquier argentino” Para terminar con aquella sentencia que en los ‘70 adquiriría carácter de dogma de los “muchachos peronistas”: “¡Por cada uno de nosotros que caiga, caerán cinco de ellos!”.
Los asesinatos en León Suárez, la infamia cometida con el cadáver de Eva Perón, la quema de libros, la persecución, el exilio obligado y la FALTA DE JUSTICIA en los años posteriores, generaron el caldo de cultivo que explotó en los setenta.
│ “La memoria es un deber moral; la historia completa, una obligación intelectual.”
Un asesinato por día
Los “changos y chinitas”, no saben, desconocen o no quieren acordarse, que los “jóvenes idealistas”, agrupados en Montoneros, el ERP, La FAR y otras facciones terroristas, asesinaban a un promedio de un policía o un militar por día durante el gobierno constitucional del mismo Juan Domingo Perón.

Esos “idealistas” recibieron a su líder asesinando a su hijo político, José Ignacio Rucci. Y fue Perón, quien firmó un Decreto secreto (que mencionamos en nuestro libro), ordenando el “aniquilamiento” de los terroristas. Más tarde, su viuda, Isabel Martínez de Perón, haría lo propio en otro Decreto, ordenando “aniquilar por todos los medios posibles” a los subversivos, que habían tomado el monte tucumano pretendiendo hacer de esa provincia una “zona libre”, colgando el sucio trapo rojo del comunismo como bandera. Fue un gobierno constitucional peronista el que ordenó el Operativo Independencia que exterminó a los insurgentes.
El vacío de poder, el estrago económico, el desabastecimiento, la violencia desatada de izquierda y de derecha, fomentaron el caldo de cultivo para el Golpe del 24 de Marzo de 1976.
Cuando retornó la democracia, el gobierno del Dr. Raúl Alfonsín, promovió el histórico juicio a las Juntas Militares, sellado con aquella frase del fiscal Strassera: “Señores, Nunca Más”.
Pero en el banquillo de los acusados faltaron personajes siniestros como Mario Firmenich, Eduardo Vaca Narvaja, Ernesto Gorriarán Merlo, Horacio Verbistky, jefe de inteligencia de Montoneros y luego asesor del gobierno kirchnerista, Jorge Taiana, también montonero y premiado como canciller por Néstor Kirchner y Nilda Garré, ministro de Defensa -nada menos-, autora de la destrucción de nuestras Fuerzas Armadas y que operaba en Tucumán con el nombre de guerra de “Comandante Teresa”. Esos, jamás fueron llamados ni siquiera a declarar.
No vamos a entrar en la discusión bizantina de si fueron 8.000 o 30.000 los desaparecidos. Uno solo ya representa un escándalo humanitario; pero nos quedamos con las palabras de Graciela Fernández Meijide, madre de Pablo, su hijo desaparecido a los 14 años, quien señaló: “Si fueron 30.000 ¿Cómo es que en el cenotafio de los desaparecidos no llegan a 10.000? ¿Cómo es posible que 20.000 familias no hayan reclamados a sus seres queridos desaparecidos? Insistimos, cuestión opinable.
│ “Recordar sólo a unos muertos y olvidar a otros no es memoria histórica: es propaganda.”
Hoy, año 2026, continuar exhumando muertos para tirárselos al otro bando es un dato que nos pone frente a nuestro atraso como país. Porque atrasamos casi 50 años. Los países europeos, luego de la Segunda Guerra Mundial, donde se cometieron los atropellos más atroces, guardan respeto por su memoria histórica (repito, memoria histórica), pero en menos de 50 años subsiguientes, estaban entre las primeras naciones de la Tierra.
Pongamos nada más el caso de los italianos, que lucharon contra los Aliados, contra los nazis y entre ellos mismos, los que formaban en el fascismo de Benito Mussolini y los partisanos que los combatieron. Tienen heridas sociales más profundas y sin embargo, han sabido convivir y pensar en el país en grande.
Porque la memoria, cuando es parcial, deja de ser memoria y se convierte en propaganda. Y un país que reemplaza la historia por propaganda está condenado a repetir sus tragedias.
│ “Un país que reemplaza la historia por relato termina discutiendo cadáveres mientras el futuro sigue esperando.”
Marzo debería convocarnos a recordar todo: a las víctimas de la dictadura, sí, pero también a las víctimas del terrorismo y a las responsabilidades políticas que incubaron aquel infierno.
De lo contrario, seguiremos discutiendo cadáveres mientras el futuro de la Argentina continúa esperando que alguna generación, por fin, se anime a contar la historia completa. –
© – Ernesto Bisceglia
Ernesto Bisceglia es periodista, escritor y docente. Autor de una extensa producción ensayística y narrativa sobre historia argentina, pensamiento político y cultura cívica, cuenta con más de treinta obras reconocidas con premios nacionales e internacionales. Como columnista y conferencista, aborda el presente desde una perspectiva histórica orientada a comprender las transformaciones del poder y la identidad argentina. Dirige www.ernestobisceglia.com.
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