POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Hay óperas que conmueven y otras que que fascinan por su música. Pero hay pocas que nos muestran de frente la tragedia humana. Ese es el caso de Pagliacci, la obra maestra del compositor italiano Ruggero Leoncavallo.
La ópera está ambientada en Calabria, en el sur de Italia y el autor mismo nos dice que cuenta un hecho real que habría sido investigado por su padre que era magistrado.
De allí que esta obra se inscriba en lo que se llamó el “verismo”, buscaba mostrar pasiones violentas, celos, traiciones y tragedias de gente común, lejos de los reyes y héroes de la ópera tradicional. En ese mismo esquema podemos situar a Cavallería Rusticana, de Pietro Mascagni, que está ambientada en Sicilia.
La obra, así como sencilla es igual de brutal. Cuenta que Canio, jefe de una pequeña compañía teatral ambulante, descubre que su esposa Nedda lo engaña. La revelación lo devora por dentro, pero el espectáculo debe continuar. Como siempre en el teatro.
Esa noche la troupe representa una comedia popular. Canio, vestido de payaso, sale al escenario para interpretar su papel mientras el público ríe y aplaude. Pero él está destrozado por dentro. De pronto, las palabras del libreto se confunden con el dolor verdadero. La ficción deja de ser ficción y entonces ocurre lo inevitable.
Incapaz de soportar la humillación, Canio pierde toda frontera entre teatro y vida. Frente al público que aún cree estar viendo una comedia, toma un cuchillo y apuñala a Nedda sobre el escenario.
La risa se transforma en horror. La tragedia ha invadido el espectáculo.
Y entonces llega una de las frases más célebres de toda la historia de la ópera: “La commedia è finita.”
La escena final de Pagliacci es de una crueldad casi insoportable. Canio, el payaso, acaba de matar.
Y acaso allí reside la tragedia más profunda imaginada por Ruggero Leoncavallo: que el teatro, como la vida, a veces continúa hasta que de pronto -sin aviso- la máscara cae y la verdad aparece, brutal, delante de todos.
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La aria Vesti la giubba pertenece a la ópera Pagliacci de Ruggero Leoncavallo y ocurre exactamente en el momento psicológico que explica toda la tragedia.