POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Ahora, debemos considerar -advertir, incluso si se quiere-, que Salta debe decidir si mueve hacia donde va el mundo o si vuelve a quedarse mirando el mapa equivocado.
El fin del ombligo porteño y la hora histórica del Norte
Durante dos siglos miramos el mundo desde un muelle. Vimos llegar invasores y más tarde inmigrantes, pero siempre miramos cómo se iba nuestra producción. Ese muelle no fue cualquiera, fue el de Buenos Aires, esa ciudad-puerto que moldeó no sólo la economía sino también la psicología política del país. Desde allí se exportó carne, trigo, relato, poder y hasta una cierta idea de civilización. El Atlántico fue nuestra ventana al mundo y, al mismo tiempo, nuestro límite mental.
Pero el eje del nuevo reposicionamiento mundial ya no gira en torno al Atlántico. El eje dinámico de la economía global se ha desplazado hacia el Asia-Pacífico. Allí están hoy los mayores mercados consumidores, los principales polos tecnológicos y una creciente demanda de alimentos, minerales estratégicos y energía. No es una intuición: es un dato estructural. Y cuando el eje se desplaza, las periferias también cambian de lugar.
Lo que para Buenos Aires puede ser una incomodidad geopolítica, para Salta es una oportunidad histórica.
De periferia a bisagra
Desde los tiempos de la Guerra de la Independencia, el Norte argentino fue tratado como una frontera interior: distante, pintoresca, prescindible. Sin embargo, en el nuevo mapa económico, el Norte deja de ser margen para convertirse en bisagra.
Salta ya no está “lejos del puerto”; está más cerca del Pacífico. En efecto, los puertos del norte de Chile -como Antofagasta e Iquique- se transforman en puertas naturales hacia los mercados asiáticos. La lógica comercial empieza a invertirse: para muchas exportaciones estratégicas (litio, minerales, productos agroindustriales), la salida eficiente no es descender hasta el Río de la Plata, sino atravesar la cordillera.
Y allí aparece un nombre que deja de ser una simple traza en el mapa para convertirse en cuestión de Estado: la Ruta Nacional 51.
“Salta ya no está lejos del puerto; el puerto está cambiando de océano.”
En este nuevo escenario debemos pensar a la Ruta 51 no sólo como una cinta asfáltica, sino como una necesidad de infraestructura crítica. Es el camino de la logística. Representa competitividad y se constituye en un trazo de nuestra soberanía económica. Cada kilómetro consolidado hacia el Paso de Sico reduce costos, acorta tiempos y redefine circuitos comerciales.
El siglo XXI no se define por discursos sino por corredores bioceánicos.
El golpe silencioso al centralismo
Este reposicionamiento global pone en crisis el viejo centralismo porteño sin necesidad de confrontarlo. Lo desborda.
La Argentina fue organizada -económica y culturalmente- en torno al puerto atlántico. Las decisiones estratégicas, las inversiones y las prioridades de infraestructura respondieron durante generaciones a esa lógica radial: todo converge en Buenos Aires. Pero el nuevo mapa es transversal.
Si la Argentina quiere integrarse inteligentemente al eje Asia-Pacífico, deberá fortalecer sus corredores norteños. Y eso implica mirar a Salta, a Jujuy, al NOA, no como provincias subsidiadas sino como plataformas estratégicas.
Los gobiernos del norte tienen que asumir este cambio y dejar de pedir. Porque ahora el Norte empieza a ofrecer: litio, alimentos y una nueva diplomacia económica. El camino de los commodities en el siglo XXI, transita por el norte, principalmente por Salta.
El crecimiento de la demanda asiática de minerales críticos -entre ellos el litio- coloca a la región en una posición privilegiada. Pero aquí conviene evitar el entusiasmo ingenuo: tener recursos no garantiza desarrollo.
Lo que garantiza desarrollo es infraestructura, reglas claras, planificación, visión geopolítica y lo más importante: un equipo político que comprenda la importancia del momento y sea capaz de actuar a la altura de las circunstancias.
Porque exportar por el Pacífico no es sólo una cuestión de kilómetros: es una decisión política que redefine alianzas, inversiones y prioridades presupuestarias. Es, en términos simples, dejar de pensar en clave decimonónica.
El turismo como diplomacia cultural
En este marco, hay un vector de suma importancia para la generación de recursos genuinos que pueden servir para invertir en todo lo otro que hace falta. Es el sector potencialmente transformador: EL TURISMO (si, así con mayúsculas).
Porque el Asia emergente no sólo demanda commodities; demanda experiencias. Millones de viajeros buscan destinos auténticos, naturaleza intacta, patrimonio cultural con identidad. Y Salta ofrece todo eso.
La Puna, los Valles Calchaquíes, el Tren a las Nubes, la arquitectura colonial, la música, la gastronomía andina: para el turista asiático promedio, no son postales repetidas. Son territorios desconocidos.
Si el eje económico se desplaza al Pacífico, también puede desplazarse el flujo turístico. Y aquí aparece una tarea estratégica: adaptar conectividad aérea, servicios, señalética, formación idiomática y estándares internacionales para recibir a un visitante que no llega desde Madrid sino desde Shanghái, Seúl o Tokio.
No se trata de folclore para exportación; se trata de hospitalidad profesional con identidad.
La decisión pendiente
La pregunta, entonces, no es si el mundo está cambiando. Eso ya ocurrió. La pregunta es si la Argentina seguirá mirando el Atlántico como si nada hubiese pasado o si se animará a girar el mapa.
Para Salta, este giro no es una fantasía académica: es una oportunidad histórica de romper la dependencia estructural de un modelo centralista que la relegó durante generaciones.
El reloj geopolítico no se detiene. Y esta vez, el Norte no debería llegar tarde. –
© – Ernesto Bisceglia
Ernesto Bisceglia es periodista, escritor y docente. Autor de una extensa obra ensayística y narrativa sobre historia argentina, política, religión y cultura cívica, con más de treinta libros y ensayos con premios nacionales e internacionales. Columnista en diversos medios y conferencista, desarrolla una mirada crítica e histórica sobre el poder, la democracia y la identidad argentina. Dirige www.ernestobisceglia.com.
