POR: Lic. ANA BISCEGLIA PONTUSSI – www.ernestobisceglia.com.ar
Salta atraviesa uno de los momentos más difíciles que el sector turístico recuerda en años, sin contar la pandemia. Hoteles que cierran sus puertas, jornadas laborales reducidas, despidos y una ciudad que, por momentos, se siente más silenciosa de lo que debería. Para quienes vivimos del turismo y la gastronomía, no es solo una estadística: es nuestra realidad cotidiana.
La crisis es profunda. Y justamente por eso exige una reacción inteligente.
El turismo cambió. Cambiaron las formas de viajar, de decidir, de consumir experiencias. Hoy el viajero compara destinos en segundos, se guía por redes sociales, reseñas digitales y propuestas personalizadas. Si seguimos promoviendo el destino con estrategias que funcionaron hace una década, es probable que los resultados ya no acompañen.
El Estado tiene un rol central. Es momento de revisar planes de acción, modernizar herramientas de promoción, incorporar análisis de datos y comprender que el turista actual busca experiencias integrales, auténticas y bien comunicadas. La magnitud de la crisis nos muestra que la base estratégica necesita actualizarse.
Pero sería un error pensar que toda la responsabilidad está afuera.
Como hoteleros, gastronómicos, guías y prestadores de servicios, también debemos hacer un ejercicio profundo de revisión interna. Las crisis, aunque duelan, son grandes auditorías naturales: nos obligan a mirar procesos, costos, liderazgo, equipos y calidad.
Este es el momento de capacitarnos más que nunca. De medir mejor. De establecer controles claros. De profesionalizar cada detalle, desde la atención hasta la estructura financiera. De fortalecer el trabajo en equipo y generar cultura organizacional sólida. Porque cuando la actividad se reactive —y se va a reactivar— las empresas que hayan invertido en orden, análisis y calidad estarán mejor posicionadas.
Siempre sostengo que el turismo somos todos. El remisero que recibe al visitante en el aeropuerto. El artesano que transmite identidad. El mozo que sonríe aun en jornadas largas. El ciudadano que indica una dirección con hospitalidad. El hotelero que apuesta aun cuando el contexto es incierto. Somos una cadena completa de experiencias.
Y también somos una provincia con algo invaluable: identidad. Cultura. Paisajes. Gastronomía. Historia. No nos falta esencia. Nos falta adaptación estratégica y, quizás, mayor coordinación entre lo público y lo privado.
Lo último que debemos hacer es bajar los brazos. Quienes trabajamos en esta actividad sabemos lo que significa ver la ciudad llena, sentir la adrenalina de un salón completo, recibir a visitantes que se van agradecidos y prometen volver. Amamos brindar servicio. Amamos mostrar Salta.
Si a esa pasión le sumamos actualización, profesionalización y visión de futuro, esta crisis puede transformarse en un punto de inflexión. No será fácil. Requiere decisión, diálogo y autocrítica. Pero también requiere valentía para cambiar lo que ya no funciona.
El turismo salteño no necesita resignación. Necesita reacción.
Y esa reacción empieza ahora.
Ana Bisceglia Pontussi
Gerente AA&BB – HOTEL SALTA
