POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
En más de dos siglos de existencia del país no hemos podido resolver el problema del federalismo que no deja de ser un anhelo metáforico plasmado en la Constitución Nacional. Esto ha traído problemas que las provincias acarrean desde 1853.
Pero en el caso de la provincia de Salta, el problema no es geográfico, ni siquiera político, es mental. Porque Salta no está lejos de Buenos Aires, sino lejos de sí misma. Porque hay distancias que no se miden en kilómetros sino en decisión.
¿Por qué continuar reclamando federalismo si desde 1853 la Constitución Nacional reconoce la autonomía de las provincias? He allí la piedra basal del federalismo, las provincias no son delegaciones del poder central: son sujetos políticos preexistentes a la Nación. La Nación no las crea; las coordina. Esa fue la promesa constitucional.
Cuánto más todavía en el caso de Salta que fue la fragua de la Libertad y de la Independencia.
Federalismo escrito, centralismo practicado
Las provincias administran educación, salud, seguridad y desarrollo productivo; pero los recursos estratégicos se concentran en el poder central. El resultado es una tensión estructural: quien depende financieramente difícilmente pueda decidir políticamente.
Entonces, Salta, como tantas otras jurisdicciones del interior, oscila entre dos modelos invisibles: Provincia decisora: planifica infraestructura, fija agenda productiva, negocia en bloque regional, establece prioridades propias. O Provincia ejecutora: administra partidas, gestiona programas nacionales y espera transferencias.
La diferencia no es presupuestaria: es cultural y política
La mentalidad de sucursal
Por imperio de vaya a saber qué entelequia, la provincia operó siempre como una sucursal del poder central y sabido es que una sucursal no diseña la estrategia: la implementa. No fija metas: cumple directivas. No arriesga: ejecuta protocolos.
Cuando la política provincial se limita a gestionar lo que otros diseñaron, deja de gobernar. Gobernar implica elegir. Y elegir implica conflicto. La gestión evita el conflicto; la conducción lo asume.
Bástenos recordar lo que expresamos en nuestra nota sobre el gobierno del General Güemes, cuya estrategia de guerra de recursos no fue autorizada por ningún escritorio porteño: fue una decisión local para un problema nacional. Güemes demostró que la soberanía provincial no es un gesto retórico; es una práctica cotidiana de autonomía estratégica.
¿Decidir o esperar?
La pregunta incómoda es simple: ¿Salta define su matriz productiva o la recibe? ¿Proyecta su infraestructura logística o la suplica? ¿Planifica su política minera, energética y educativa con visión de 20 años o ajusta cada año a la coyuntura presupuestaria?
La provincia que pide permiso termina viviendo de rodillas. Y no por falta de recursos naturales -que los tiene- sino por falta de diseño político.
Recursos no son poder
Salta posee litio, gas, agricultura, turismo (bueno… hasta ahora), posición geoestratégica en el corredor bioceánico. Sin embargo, los recursos sin estrategia producen renta; la estrategia produce desarrollo. Esto nos indica que el desafío de la hora más que económico es intelectual: Una provincia soberana se piensa antes de ejecutarse.
No se trata de separatismo ni de rebeldía adolescente frente a la Nación. Se trata de comprender el federalismo como arquitectura de corresponsabilidad. Una provincia fuerte no debilita al país: lo equilibra.
Gobernar no es administrar
Administrar es distribuir lo que llega. Gobernar es decidir lo que falta. En la Argentina contemporánea, muchas provincias han naturalizado el rol de gestoría territorial. Y cuando eso ocurre, la política se reduce a ceremonial, inauguraciones y equilibrio contable. Pero una provincia pensada es una provincia que formula. Que discute su perfil educativo. Que define qué industrias prioriza. Que proyecta infraestructura antes de que la financien. Que negocia con la Nación, no suplica.
El problema es la falta de soberanía mental
Lo expresamos al inicio: El problema no es geográfico, es mental. Una provincia soberana no es la que grita federalismo; es la que lo practica. No es la que reclama recursos; es la que diseña destino. La coyuntura internacional y nacional le impone hoy a Salta decidir si quiere ser actor o escenario.
Porque en política, como en la historia, el que no escribe el libreto termina actuando en la obra de otro.
© – Ernesto Bisceglia
Ernesto Bisceglia es periodista, escritor y docente. Autor de una extensa obra ensayística y narrativa sobre historia argentina, política, religión y cultura cívica, con más de treinta libros y ensayos con premios nacionales e internacionales. Columnista en diversos medios y conferencista, desarrolla una mirada crítica e histórica sobre el poder, la democracia y la identidad argentina. Dirige www.ernestobisceglia.com.

