POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Hay momentos en la historia de la música en los que uno se pregunta si el compositor escribía… o si estaba invocando algo. De todos los compositores, sin duda que Wolfgang Amadeus Mozart, es el más intrigante, porque en sus obras siempre hay “algo más” para descubrir. Mozart lo hizo en La Flauta Mágica, con un personaje inolvidable: la Reina de la Noche.
Este costado tan especial de Mozart, fue muy bien captado y representado en “Amadeus”, el film de Milos Forman, donde se presenta la grandeza del genio loco.
Su aria más famosa, -”La venganza del infierno”- no es una canción: es una sentencia. Una explosión de furia donde la voz humana sube a un registro imposible, como si la garganta se volviera cuchillo.
No hay ternura, no hay consuelo: hay poder, amenaza y un dramatismo casi sobrenatural.
Y cuando la soprano llega a esos agudos que parecen romper el aire, uno entiende algo: Mozart no escribía solo belleza… también escribía miedo.
En Mozart hay belleza, sí… pero también hay vértigo. Porque Mozart no sólo componía melodías: fabricaba personajes. Y uno de los más temibles -casi una figura bíblica, una madre oscura, una divinidad vengativa- es la Reina de la Noche, en La Flauta Mágica.
Es la furia convertida en partitura. La amenaza hecha ópera. Y cuando esa soprano dispara los agudos imposibles, uno entiende que Mozart sabía algo que nosotros olvidamos: que el arte también puede dar miedo.
© – Ernesto Bisceglia
