América Latina 2026: democracias iliberales y protectorados en disputa

POR RODOLFO CEBALLOS, ESCRITOR, PERIODISTA – www.ernestobisceglia.com.ar

Alejandro Castro Espín, nieto de Raúl Castro, es instado por EEUU a firmar un acuerdo de transición política en Cuba que terminaría en elecciones libres y democráticas.

Si la demanda de la Casa Blanca se cumple, EEUU establecerá un nuevo protectorado, pactado entre la política cubana y las empresas norteamericanas que invertirán en la isla, todo bajo la tutela de Washington.

Un protectorado es una forma de administración en la que un Estado más fuerte ejerce control sobre otro territorio en aspectos clave como defensa, política exterior y orden público, aunque este último conserve autoridades propias. Hoy Estados Unidos no tiene protectorados formales, pero sí posee territorios no incorporados (como Guam, Islas Vírgenes y Samoa Americana), que en la práctica funcionan con características similares.

Venezuela estrenó la geopolítica trumpista haciéndose un protectorado energético informal.

Más allá de la dimensión ideológica de terminar con el comunismo, a EEUU le interesa crear el protectorado de Cuba. Esto se debe a su posición estratégica en el Caribe, el potencial turístico, el acceso a recursos energéticos y la posibilidad de abrir un mercado de consumo e inversión para empresas norteamericanas.

América Latina va cambiando su configuración política por la aplicación de  la Doctrina Donroe. La figura de una administración protegida aumenta la tutela económica y militar, aunque las autoridades de cada país son propias.

Hay otro grupo de países en la región que concentra las llamadas «democracias iliberales». Denominadas así porque mantienen elecciones periódicas y cierta institucionalidad democrática, restringen derechos, manipulan instituciones y debilitan el Estado de Derecho.

Es interesante en este sentido el último informe de IDEA Internacional y V-Dem. Indica que las democracias regionales retrocedieron en áreas como independencia judicial, lucha contra la corrupción y credibilidad electoral. Los riesgos de la pérdida de derechos fundamentales llevan inexorablemente al deterioro democrático.

Una democracia iliberal se caracteriza por su mayor inestabilidad política y social, dificultad para atraer inversión extranjera y posible transición hacia regímenes abiertamente autoritarios.

Según IDEA Internacional y V-Dem, las democracias iliberales padecen del desencanto democrático persistente, de bajo crecimiento económico, alta desigualdad e inseguridad extendida. Son países con baja capacidad de garantizar servicios en zonas, provincias, departamentos, donde actores criminales ocupan el vacío institucional.

El mapa político de América Latina 2026 muestra un continente con varias democracias iliberales y nacientes enclaves tutelados geoestratégicamente.

Nuestro continente avanza hacia protectorados que reflejan que la soberanía se negocia en función de intereses extractivistas, comerciales y militares. La región vive una transición hacia modelos híbridos de soberanía y democracia, más frágiles y subordinados que en décadas anteriores.

San Martín siempre creyó que la libertad debía ser el objetivo supremo, incluso por encima de cualquier cálculo político.

Bolívar, por su parte, en la Carta de Jamaica (1815), escribió: “¿Qué pueblo ha sido más digno de la libertad que el americano? Sin embargo, ¿qué pueblo ha sido más esclavo?”.

América Latina, pese a haber conquistado la independencia, sigue atrapada en nuevas formas de condicionamiento estructural: no coloniales, sino económicas y geopolíticas.