Pro libertate cogitandi: En Salta sólo nos falta pasar a la clandestinidad

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

En las aldeas como Salta, el contubernio es el modo más utilizado por el poder para mantener firme el entretejido de favores y silencios entre lo que llaman “la democracia” y el poder eclesiástico. Es algo similar al connubium, aquel “matrimonio” que el Derecho Romano reconocía a los esclavos; porque en realidad, los que se sienten poderosos no son más que miserables esclavos de su propia autodevoción.

Es una estructura de poder consolidada desde los tiempos hispánicos donde el lugar de los otrora “hijosdalgos” hoy es ocupado por las camarillas cercanas al poder de turno. No importa el signo político, eso es una decoración para que el vulgo piense que elige algo: en la cúspide, siempre están los mismos.

Esto no sería nada sino fuera porque para satisfacer egos, abdómenes y pubis, son decenas de miles los que sufragan con hambre, necesidad y postergación las insaciables demandas personales de los poderosos. En estas aldeas no hay ricos ya, hay enriquecidos que es muy distinto. Aldeas como Salta, no son pobres, han sido empobrecidas.  

Se alcanza tal estado de hundimiento social cuando el Estado confluye junto al clero en el nefando maridaje destinado a mantener a los simples en la contentura fútil de la “vida mejor”, aferrados a la esperanza que da fe: “Rece y vendrán tiempos mejores”; “Vote y cambie”: La zanahora delante del burro para que ande, ni más ni menos.

En ese punto, las mentes libres son una espina en el pie de los poderosos. No dejan caminar tranquilos a los que “se la llevan toda”. Por eso, lo primero que compran los gobiernos es a la prensa. Y es una compra directamente proporcional; más dinero – más adulación y confusión sembrada.

“Los tiranos han fraguado de la religión cadenas para el hombre, y de aquí ha nacido la impura liga del poder y el altar.”

La frase de Esteban Echeverría es reveladora y asaz lacerante, pero en el fondo es la reiteración de los mismos capítulos ancestrales de una novela que no nace del odio sino de esa tristeza seca, adulta, que aparece cuando uno comprende que el daño no fue casual ni individual, sino un sistema. Y que lo peor no fue la pobreza material, sino la pobreza moral cuidadosamente maquillada con incienso y votos.

Esa es la herida: la vida pudo ser distinta.

Y cuando una sociedad elige durante décadas que aparentar es más rentable que ser, entonces la hipocresía deja de ser un defecto: se convierte en institución, en método de ascenso, en pasaporte social, en modo de supervivencia.

Sí, pues, los fracasos acumulados, tanto personal como sociales, tienen todos un mismo origen. En estas aldeas la simulación, la persignación y la votación fraguada son enfermedades históricas.  

Son sociedades retrógradas a quienes el progreso les aterra porque la portación de apellido es más peligrosa que la portación de armas. Entonces la palabra de los libres se convierte en testamento y advertencia. Temen al tono satírico porque el humor es patrimonio de las almas libres e inteligentes, y ellos…, ellos no son inteligentes, son apenas poderosos.

Sin tristeza álmica no se escribe, no se pronuncia y no se denuncia. Esa tristeza rayana en el dolor es la causa primera de las revoluciones. Y nunca hay revolución sin pensamiento previo, por eso, la ignorancia es una política de Estado. La sociedad que no piensa no es distinta de una manada de asnos.

Porque la denuncia sin tristeza se vuelve panfleto. Pero la denuncia con tristeza se vuelve verdad.

Y la verdad exige Libertad…, y cuando está bien escrita no es panfleto sino códice. Por eso las cúpulas temen a la educación, porque el saber libera, iguala y enciende las chispas de toda revolución.

El poder teme a la verdad, pero entra en pánico cuando la verdad aprende a escribir.

© – Ernesto Bisceglia

Ernesto Bisceglia es periodista, escritor y docente. Autor de una extensa obra ensayística y narrativa sobre historia argentina, política, religión y cultura cívica, con más de treinta libros y ensayos con premios nacionales e internacionales. Columnista en diversos medios y conferencista, desarrolla una mirada crítica e histórica sobre el poder, la democracia y la identidad argentina. Dirige www.ernestobisceglia.com.