POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
La historia argentina tiene fechas que se repiten como una advertencia. El 3 de febrero es una de ellas. En 1813, San Martín gana en San Lorenzo y abre una épica. En 1852, Urquiza vence en Caseros y abre un problema.
Ambas son victorias. Pero no pesan lo mismo en la balanza del tiempo.
San Lorenzo fue una acción militar breve y precisa. Un triunfo modesto en términos bélicos, pero enorme en términos simbólicos: demostró que el Movimiento de Mayo podía defenderse con orden, disciplina y mando profesional. Allí nace una confianza. La de que era posible ganar algo más que escaramuzas: era posible ganar una nación.
Caseros, en cambio, fue una batalla monumental. Derrotó a Rosas, clausuró un ciclo de poder personal y abrió el camino a la organización constitucional. Nadie serio discute su importancia. Sin Caseros, no hay Constitución de 1853. Sin Constitución, no hay República.
Hasta ahí, el haber.
El problema empieza después.
Urquiza gana, pero no logra cerrar el conflicto central de la Argentina: la relación entre Buenos Aires y el resto del país. El puerto sigue mandando, el interior sigue esperando, y la Nación nace partida. Caseros termina con un hombre, pero no con la lógica que lo hizo posible.
Rosas había concentrado poder en nombre del orden. Urquiza intentó repartirlo en nombre de la ley.
El resultado fue una república escrita que tardó décadas en parecerse al país real.
Ahí está el saldo incómodo de Caseros: una victoria necesaria pero insuficiente.
La historia suele ser cruel con los matices. A los caudillos derrotados los convierte en mitos. A los organizadores, en notas al pie. San Martín funda una épica que todavía explica algo. Urquiza funda una institucionalidad que casi nadie recuerda agradecer.
Tal vez porque ganar una batalla es fácil de narrar. Fundar un Estado, no.
El 3 de febrero enseña, si se lo mira sin bronce, que no toda victoria inaugura una solución. Algunas apenas abren una transición. Y las transiciones -ya lo sabemos- no emocionan multitudes: educan, cansan y exigen paciencia.
Justamente lo que más escasea entre los argentinos. –
© – Ernesto Bisceglia
Ernesto Bisceglia es periodista, escritor y docente. Autor de una extensa obra ensayística y narrativa sobre historia argentina, política, religión y cultura cívica, con más de treinta libros y ensayos con premios nacionales e internacionales. Columnista en diversos medios y conferencista, desarrolla una mirada crítica e histórica sobre el poder, la democracia y la identidad argentina. Dirige www.ernestobisceglia.com.
