POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Salta no está postergada por fatalidad geográfica ni por conspiraciones externas. Está postergada porque, desde hace décadas, la política se ha degradado y con ella la conciencia colectiva. Venimos votando, elección tras elección, no lo mejor, sino lo que parece menos malo que lo anterior. Ese mecanismo defensivo -comprensible, pero letal- nos fue empujando a un deterioro sostenido del sistema político y de la idea misma de comunidad organizada.
De cara a 2027, la situación es tan incómoda como clara. Hoy no existen candidatos con liderazgo real, estructura ni potencia simbólica capaces de representar a ese sector mayoritario de la sociedad que no comulga con el fanatismo libertario. Por más que algunos se rasquen con un marlo, el único dirigente con volumen electoral para enfrentar a la marea violeta es Gustavo Sáenz. Esto no es una declaración de amor ni una consigna proselitista: es un dato duro.
Si alguien cree lo contrario, que muestre nombres, equipos y encuestas.
El primer test toxicológico deben hacérselo quienes todavía imaginan que Juan Manuel Urtubey y su ya arqueológica “Agrupación Mausoleo” pueden ofrecer una alternativa. El resto de los nombres orbitan cómodamente en lo que podría llamarse el Club del 3%, una zona testimonial que no disputa poder real.
Enfrente está el fenómeno libertario: dirigentes sin formación política, sin experiencia de gestión y, hasta ahora, sin una sola propuesta de política pública aplicable a la realidad salteña. Todo es consigna, marketing y “Milei business”. El problema no es sólo su precariedad intelectual, sino el disciplinamiento acrítico y casi ovejuno-religioso que practican. Ya vemos lo que ese modelo está produciendo a nivel nacional. La pregunta es inevitable: ¿queremos eso para Salta?
Pensar Provincia
El análisis exige carpintería fina, pero no admite eufemismos. A esta altura del calendario, pensar Salta 2027 implica, inevitablemente, pensar en Gustavo Sáenz.
Pero el verdadero problema no es el gobernador: es su equipo. Con el actual establishment gubernamental resulta imposible imaginar una propuesta electoral competitiva y, mucho menos, un proyecto de provincia.
En seis años no hubo políticas descollantes, ni reformas estructurales, ni cuadros formados para el futuro. Hay ministros anegados, otros fracasados, algunos denunciados, varios desbordados por la marea tecnológica, y no pocos dedicados a dibujar números como infantes con crayones.
Secretarías de Estado ocupadas por funcionarios que exhiben en redes sociales playas caribeñas mientras hay pueblos bajo el agua y familias que no llegan a fin de mes. Con ese elenco, no hay relato que resista.
El problema, entonces, no es Sáenz en abstracto, sino el círculo que lo rodea: asesores, operadores y un pequeño “círculo rojo” que ha demostrado no saber pensar… ni dejar pensar. A eso se suma un periodismo a precio que le edita al gobernador una suerte de “Diario de Yrigoyen”, dañando lo que todavía podría haber sido un liderazgo regional con proyección.
Cambiar para que todo cambie
En Il Gatopardo, Tancredo sentencia: “Cambiemos todo para que nada cambie”. Esa ha sido, tristemente, la lógica del poder en Salta. No es “más de lo mismo”; es peor de lo mismo, porque la realidad -esa que, según el manual peronista, es la única verdad- muestra un dato inquietante: crece el número de salteños que no volverían a elegir a Gustavo Sáenz.
Lo decimos sin rodeos: hoy no hay otro candidato con chances reales para 2027. Pero con el mismo esquema, los mismos nombres y la misma mediocridad, el resultado será el diluvio libertario.
Si se pretende evitarlo, hace falta un cambio real: equipos idóneos en turismo, compromiso social genuino en desarrollo social, especialistas en educación capaces de pensar los nuevos modos de enseñar y aprender, sanitaristas en salud pública, técnicos con solvencia en gestión económica. Y segundas y terceras líneas formadas por ciudadanos con surcos en el cerebro, no tabula rasa, como advertía Aristóteles.
Porque ya no alcanza con ganar elecciones.
En 2027, lo que está en juego es si Salta sigue siendo gobernable. –
© – Ernesto Bisceglia
Ernesto Bisceglia es periodista, escritor y docente. Autor de una extensa obra ensayística y narrativa sobre historia argentina, política, religión y cultura cívica, con más de treinta libros y ensayos con premios nacionales e internacionales. Columnista en diversos medios y conferencista, desarrolla una mirada crítica e histórica sobre el poder, la democracia y la identidad argentina. Dirige www.ernestobisceglia.com.
