Le da “yorokobi” los secretos y la agenda mundial de Trump

POR: RODOLFO CEBALLOS – ESCRITOR Y PERIODISTA – www.ernesto bisceglia.com.ar

Tulsi Gabbard, hawaiana, exdemócrata y hoy republicana, tiene 44 años. De pelo bien negro y ojos muy marrones, con un look de presentadora de noticias de la TV norteamericana, más que de superespía. Nada tímida, de carrera militar, es imposible confundirla con la típica mujer media norteamericana que usa jumpers de jean. La dama no deja su trajecito sastre tan elegante.

La experta en espionaje nacional e internacional, pese a su oficio amenazador y lleno de suspicacias, es ensalzada y criticada, por igual, por los periodistas. Donald Trump y los demócratas, sus antiguos compañeros de ruta, la quieren donde está, haciendo espionaje, en la Dirección de Inteligencia Nacional de los EEUU. Ella conoce todos los lados B del establishment norteamericano y el talón de Aquiles de los líderes mundiales que enfrenta la recién venida Doctrina Donroe (destinada a restaurar el dominio y la influencia de Estados Unidos en Latinoamérica).

Tulsi supervisa el trabajo de las 18 agencias de inteligencia del país, incluido al director de la CIA, al archipolítico experimentado en el espionaje, John Ratcliffe. El mismo que acaba de conocer en Caracas a la encargada del gobierno de Venezuela, Delcy Rodríguez.

Trump tiene muchos consejeros en seguridad nacional, pero al que más escucha es al senador cubano-norteamericano, Marco Rubio. El binomio de la flor y nata de la inteligencia norteamericana es Gabbard- Ratcliffe, cruzados de la Doctrian Donroe.

Tulsi desde muy joven, salió a conseguir el poder. Contó una vez cómo llegó a la política hasta llegar a ser candidata a la presidencia de los EEUU por el Partido Demócrata. En el péndulo de su vida agitada, luego lo abandonó dando un portazo.

Recordó que la «inspiraron los demócratas que se opusieron a la guerra de Vietnam y quienes lucharon por los trabajadores de las plantaciones de Hawái, quienes eran maltratados y explotados por terratenientes adinerados. Me inspiraron líderes como Martin Luther King Jr. y Robert F. Kennedy, y me atrajeron los ideales de un Partido Demócrata con una amplia presencia que defendía a los trabajadores, a la clase trabajadora. En contraste, el Partido Republicano parecía defender los intereses de las grandes empresas y las élites belicistas. Así que me hice demócrata y lo seguí siendo durante más de 20 años: un demócrata independiente, sin duda, pero demócrata al fin y al cabo. Ya no puedo permanecer en el Partido Demócrata actual, que ahora está bajo el control total de una camarilla elitista de belicistas impulsados por una cobarde conciencia, que nos divide racializando cada tema y avivando el racismo antiblanco, trabajando activamente para socavar nuestras libertades dadas por Dios consagradas en nuestra Constitución, son hostiles a las personas de fe y espiritualidad, demonizan a la policía y protegen a los criminales a expensas de los estadounidenses respetuosos de la ley, creen en las fronteras abiertas, utilizan el estado de seguridad nacional como arma para perseguir a los oponentes políticos y, sobre todo, nos están arrastrando cada vez más cerca de la guerra nuclear».

Olvidándose de la camarilla republicana, ingresó a ella y ahora impulsa la estrategia más belicista en la sustitución de Maduro en Venezuela. No está motivada por la “cobarde conciencia” que criticó del Partido Republicano. Sigue las indicaciones de este partido, el suyo, y no le tiembla el pulso para aplicar la ley de Enemigos Extranjeros, utilizada solo en tiempos de guerra, con el fin de acelerar las deportaciones de centenares de migrantes venezolanos acusados de ser miembros de la banda criminal por la cual está preso Maduro, en los EEUU.

La directora de la Inteligencia Nacional tampoco se salva del archivo. Publicó en 2019 en su cuenta de X  un mensaje en el que solicitó al gobierno de Trump de entonces, “mantenerse al margen” de Venezuela.

“Estados Unidos debe mantenerse al margen de Venezuela. Dejemos que el pueblo venezolano decida su futuro”, dice parte de su mensaje fechado el 24 de enero de 2019, cuando el legislador venezolano, Juan Guaidó, se autojuramentó como “presidente interino” de Venezuela.

Y si nos vamos a Europa, Tulsi simpatiza por supuesto con las conversaciones que lleva adelante Trump para el cese de la guerra en Ucrania. La directora Nacional de Inteligencia se negó sistemáticamente a compartir información con los medios norteamericanos sobre las negociaciones de paz entre EEUU y Rusia. Eso significó, para los periodistas especializados, que Trump le pidió a Tulsi ese silencio táctico que benefició al presidente ruso, Vladimir Putin.

Hoy la Doctrina Donroe y la coyuntura mundial exigen a Tulsi hacer una inteligencia estadounidense nacionalista, politizada y estratégica. Trump la necesita en esa línea de trabajo.

El movimiento trumpista MAGA («Make America Great Again” o «Hagamos a Estados Unidos grande de nuevo») con sus rulos geopolíticos y militaristas, tiene una agenda exigente. Tulsi la pone al día con mucho “yorokobi” a través del espionaje. Los japoneses cuando expresan placer o deleite dicen yorokobi.