Un Cacho de Cultura: Cornelio Saavedra y la música militar, cuando la Revolución empezó a oírse

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

Podemos bien decir que la historia de la Patria argentina estuvo jalonada por la música: José de San Martín, era concertista de guitarra; Domingo Faustino Sarmiento, promovió la ópera y Juan Bautista Alberdi, fue músico y compositor. Pero en los inicios, Cornelio Saavedra, jefe de milicias, le puso énfasis a esa incipiente música militar y patriótica, haciendo que la llamada Revolución de Mayo, también fuera un cambio de sonido.

En el Buenos Aires de comienzos del siglo XIX la música militar no era un entretenimiento. Era un sistema de mando. El tambor marcaba rutinas, ordenaba filas, indicaba avances, retiradas y relevos. La banda y la caja eran el Estado en versión audible: el poder entraba primero por el oído.

Saavedra, como jefe del Regimiento de Patricios, el cuerpo nacido al calor de las Invasiones Inglesas y convertido luego en pieza clave del orden urbano y de la política criolla, entiende que la música militar era el pegamento que daba cohesión a esa mezcla. Las fiestas públicas, las revistas de tropas, los juramentos y las conmemoraciones no se “anunciaban”: se interpretaban. En ese mundo, la marcha cumple el rol que más tarde tendrá el editorial: fijar clima, marcar tono, imponer un relato.

Por eso el paso de la “música de cuartel” a la “música de nación” fue rápido. La Asamblea de 1813 sanciona como himno una pieza que se llamaba, sin pudor, Marcha Patriótica. El corazón del asunto está ahí: la Patria se imaginó -y se impuso- con forma de marcha. El ritmo recto, la métrica firme, la idea de avanzar. La política naciente necesitaba pedagogía emocional, y la música era una imprenta sin papel: repetible, contagiosa, memorizable.

Por eso hoy, la Banda Militar “Tambor de Tacuarí”, del Regimiento I Patricios, conserva hoy esa tradición.

Saavedra no sólo presidió una Junta; presidió -sin saberlo- una mutación cultural donde el espacio público dejó de pertenecer al ceremonial virreinal y pasó a ser ocupado por una nueva acústica, más marcial y más plebeya.

A veces la historia se entiende mejor si, en vez de leerla, se la escucha. Mayo tuvo discursos, sí. Pero también tuvo tambor.Saavedra encarna el tránsito del vecino armado al Estado naciente, y la música militar es el puente invisible: convierte la multitud en formación, y la formación en “pueblo”. La revolución se escucha antes de leerse.-

En un primer momento, veremos esa evolución musical en la explicación del significado y de los instrumentos que formaban entonces las bandas militares, en nuestro Himno Nacional Argentino. Luego, la Marcha “El Uno Grande”, que identifica al Regimiento Patricios y resume en su letras toda nuestra historia.

© – Ernesto Bisceglia

Ernesto Bisceglia es periodista, escritor y docente. Autor de una extensa obra ensayística y narrativa sobre historia argentina, política, religión y cultura cívica, con más de treinta libros y ensayos con premios nacionales e internacionales. Columnista en diversos medios y conferencista, desarrolla una mirada crítica e histórica sobre el poder, la democracia y la identidad argentina. Dirige www.ernestobisceglia.com.