Lo de Milei no es una presidencia sino una gerencia de ocupación

REDACCIÓN – www.ernestobisceglia.com.ar

Lo venimos diciendo y no hemos de cansarnos de repetirlo: lo de Milei no es una presidencia. Es otra cosa. Algo más chico, más pobre, más triste. Es una gerencia de ocupación. Tiene las formas externas del poder -Bandera (aunque ahora no tanto), escudo, sillón- pero no ejerce gobierno. Administra presencia. Firma papeles. Ocupa espacio. Genera shows…

La escena ya es obscena: el embajador de los Estados Unidos, Peter Lamelas, entra y sale de la Casa Rosada con la soltura de un virrey, como si la soberanía argentina fuera un trámite molesto que conviene resolver rápido antes del almuerzo. No hay épica ni conspiración: hay rutina. Y eso es lo peor.

Mientras tanto, el Presidente —porque formalmente lo es— habita, según su propio relato, un “cuarto de herramientas” en la Quinta de Olivos, acompañado por perros que ya no existen. No es un dato pintoresco. Es un síntoma. Milei no gobierna la Argentina: se esconde de ella. Se refugia en una ficción privada mientras el país ocurre afuera, sin él.

Su obsesión no es gobernar sino mostrarse. No hacia adentro, donde están los problemas reales, sino hacia afuera, donde busca validación. Milei no conduce: posa. No decide: escenifica. Se disfraza de superhéroe, se dibuja musculoso, se grita a sí mismo para convencerse de que es fuerte. Vieja ley psicológica: decime de qué alardeás y te diré de qué carecés. En su caso, el diagnóstico es inmediato.

Esta gerencia de ocupación tomó medidas económicas que no resolvieron nada: solo barrieron la mugre debajo de la alfombra. Desde arriba, la macro parece estable. No está bien -no confundamos-, apenas no se mueve. Pero cuando uno baja la vista, la economía real sangra.

Los salarios fueron pulverizados. El poder adquisitivo dejó de ser una variable: es un recuerdo. Los jubilados cobran ingresos que ya no entran en la categoría de pobreza, sino en la de indigencia administrada. La educación atraviesa un derrumbe silencioso. La ciencia y la tecnología directamente desaparecieron del mapa, como si fueran un lujo exótico incompatible con este experimento de país barato.

La salud ya no es un problema: es una tragedia cotidiana. Los médicos son testigos presenciales de la degradación diaria del sistema sanitario. Se ha vaciado a la universidad pública. Falta presupuesto, falta horizonte y, sobre todo, falta respeto.

El núcleo libertario exhibe una ignorancia que no es ingenua ni circunstancial. Es ignorancia voluntaria. Quieren no saber. Eligen no entender. Son brutos, y lo más grave: se jactan de serlo. Han hecho de la brutalidad una identidad política.

Por eso es un error leer el ataque de Milei a las universidades, a la ciencia y al sistema tecnológico como una jugada fría del capital concentrado. No lo es. De hecho, hasta la Sociedad Rural salió a defender al INTA. Cuando incluso el establishment prende la luz amarilla, queda claro que esto no es estrategia: es resentimiento.

Lo que estamos viendo es algo más primitivo. Es la venganza del bruto. El bruto odia al que leyó un libro, descubrió que no mordía, lo abrió y, en ese gesto mínimo, se volvió un poco más libre. Odia al que sabe. Odia al que piensa. Odia al que no necesita gritar para existir.

Es lo dicho ya en estas columnas, los “libertarios” son el kirchnerismo pero en versión rubia, de piel más clara y “estéticamente superiores” (¿?). Es la vereda de enfrente, pero en el fondo actúan por impulso del mismo resentimiento. Lo más grave es que ninguno construye.

No estamos frente a un proyecto de país. Estamos frente a su liquidación por cansancio, administrada por una gerencia que ocupa el poder, pero no lo ejerce, mientras la Argentina -esa que duele, la – real queda sola, esperando que alguien vuelva a gobernarla.

© – Ernesto Bisceglia

Ernesto Bisceglia es periodista, escritor y docente. Autor de una extensa obra ensayística y narrativa sobre historia argentina, política, religión y cultura cívica, con más de treinta libros y ensayos con premios nacionales e internacionales. Columnista en diversos medios y conferencista, desarrolla una mirada crítica e histórica sobre el poder, la democracia y la identidad argentina. Dirige www.ernestobisceglia.com.