Un Cacho de Cultura: Beethoven y Las criaturas de Prometeo o cuando el genio trabaja a desgano

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

La música también tiene historias detrás de la historia. Se cuenta que allá, por el año de 1801, Ludwig van Beethoven aceptó escribir la música para un ballet: Die Geschöpfe des Prometheus (Las criaturas de Prometeo). No lo hizo por entusiasmo estético ni por afinidad con el género, sino por razones mucho más terrenales: dinero, visibilidad y supervivencia. Beethoven desconfiaba del ballet; lo consideraba un arte menor, subordinado a la escena y al gusto del público.

Escribió la música a desgano, casi obligado, algo que para cualquier artista en el género que sea es un infortunio. Porque cuando el arte no fluye, el espíritu sufre. Y, sin embargo, el resultado fue extraordinario.

El ballet narra una alegoría ilustrada: Prometeo crea a dos seres humanos imperfectos y los conduce al Parnaso para que, a través del arte -la música, la poesía, la danza-, alcancen la plenitud. No es un mito romántico, sino un manifiesto ilustrado: el arte como educación moral de la humanidad.

Aunque escribió la obra casi como encargo alimenticio, introdujo en ella una energía rítmica, una vitalidad orquestal y un optimismo heroico que desbordan el formato del ballet. Tanto es así que recicló el tema final -una contradanza simple y luminosa- en dos de sus obras más ambiciosas: las Variaciones Heroicas para piano y, más tarde, el final de la Tercera Sinfonía, la “Heroica”.

El mismo material musical sirvió así para tres destinos distintos: un ballet hoy casi olvidado,

una obra pianística de laboratorio y una sinfonía que cambió la historia de la música.

La ironía es perfecta: una de las páginas más revolucionarias del sinfonismo europeo nace de una música que Beethoven compuso sin amor por el género que la albergaba. Esto también probó que el  genio, incluso cuando trabaja a disgusto, no sabe escribir banalidades.

Las criaturas de Prometeo recuerda que Beethoven fue hijo de la Ilustración antes que profeta del Romanticismo. Creía que el arte podía mejorar al ser humano, que la belleza tenía una función moral y que la música podía educar. Esa fe se volvería más amarga con los años, pero aquí aún brilla.

Tal vez por eso la obra incomoda: no es completamente genial ni completamente menor. Está en esa zona ambigua donde el genio cumple un encargo… y deja, sin querer, una semilla que hará estallar el futuro. –

Presentamos a continuación, el Ballet «Las Criaturas de Prometeo» y a continuación, la Música del mismo:

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