La política necesita una rápida reconversión

Por Daniel Salmoral – 10 enero, 2026 67 0

La gente huye cada vez más de todo lo que tenga que ver con la política. Los partidos se están extinguiendo por la incapacidad y el egoísmo de sus dirigentes. La corrupción pública espanta a una sociedad descreída y agobiada. Los famosos «cuadros políticos» de otros tiempos, hoy son solo un recuerdo.

DANIEL SALMORAL.- Dirigentes libertarios en diferentes círculos políticos, se ufanan diciendo que su líder y conductor Javier Milei en solo dos años, terminó con todos los partidos políticos tradicionales porque el único que hoy tiene vida es La Libertad Avanza.

El comentario no es errado si se observa lo que sucede por ejemplo en la UCR, la centenaria agrupación política que ahora busca la forma de no desaparecer como ya ocurrió con otros partidos de vieja data, de los cuáles solo quedaron sellos olvidados en uno que otro cajón de las viejas redacciones de diarios y revistas.

El PJ (Partido Justicialista), por ejemplo, se debate entre aferrarse al pasado con Cristina Kirchner o reconvertirse tal como lo hiciera en 1983 después de perder las elecciones presidenciales de ese año con su candidato Ítalo Argentino Luder, a manos del radical Raúl Ricardo Alfonsín.

Luego de eso, el peronismo llevó adelante un cambio que se conoció como «renovación peronista», a través del cuál dejó atrás a las desgastadas figuras de un espacio que estaba anquilosado pero que creía que podría seguir vigente, solamente si mantenía vigente la imagen de Juan Domingo Perón que había fallecido hacia ya varios años atrás.

Los dirigentes de entonces, Luder, Deolindo Bittel, Herminio Iglesias, Lorenzo Miguel; Casildo Herreras, entre otros, ya le habían mostrado a la sociedad argentina quienes eran por eso en los comicios de 1983 los votos hacia el radical Alfonsín fueron masivos dejando en evidencia que esas figuras ya no despertaban ningún tipo de interés y confianza por más que acumularan años en la vida política argentina.

Después de esa derrota fue cuando el peronismo entendió que debía renovar sus cuadros dirigenciales o de lo contario esa derrota electoral de octubre’83 no sería la única, por eso decidieron cambiar y poner en escena otras figuras en todo el país.

Fue así que Antonio Cafiero (Buenos Aires); José Manuel de la Sota (Córdoba), José Luis Manzano (Mendoza);  Carlos Grosso (Capital Federal); Roberto Romero (Salta); Saúl Ubaldini (Gremialista), entre otros, fueron los nuevos nombres que comenzaron a ganar los titulares de las noticias políticas del peronismo, lo que pocos años después le permitió al PJ recuperar el poder de la mano de un personaje, sui generis, como el riojano Carlos Saúl Menem.

De no haberse renovado, al peronismo le hubiera sido imposible volver rápidamente a los despachos oficiales y eso mismo es lo que debiera hacer en este tiempo.

Ya quedó claro en las elecciones de 2023 y en la de 2025 que si sigue insistiendo con las mismas figuras de hace veinte años, la vuelta se hará más lenta corriendo el riesgo que la doctrina liberal que encarna Milei y su partido, se afiancen y conserven el poder por décadas.

Lo mismo sucede en el campo sindical donde cada día son más los trabajadores formales que reniegan de dirigentes gremiales millonarios mientras ellos se empobrecen cada vez más.

Cristina Kirchner que hace ya varias elecciones no sabe lo que es el triunfo, se aferra tozudamente desde su prisión domiciliaria a mantener su status político sabiendo que ni ella ni su hijo y tampoco sus «deshilachados» incondicionales y los recién llegados como algunos ex gobernadores, podrán hacer que el peronismo recupere la gloria perdida.

En circunstancias anteriores, cualquier gobierno que hubiera ido por los derechos de los trabajadores hubiera sido rechazado electoralmente tal como ya ocurrió en Argentina pero ahora no fue así.

«Claro que la estamos pasando mal con Milei pero no tenemos alternativa», es lo que se escucha decir a le gente de a pie cuando se le consulta sobre cómo están con el gobierno libertario.

«Cristina, Máximo y los otros K ya fueron hace rato pero no se van porque tienen que cuidar sus intereses. No les importa otra cosa y mientras ellos estén, la gente seguirá votando a Milei, con un broche en la nariz, aunque se siga cagando de hambre», es lo que se escucha en la charla entre vecinos de cualquier barrio del país.

Máximo Kirchner, el titular del PJ bonaerense, reunió este viernes 9 de enero a la mesa de conducción que lidera con el pretexto de avanzar en la depuración de los padrones para las elecciones internas que ya se convocaron para el 15 de marzo próximo.

Según comentarios de sectores peronistas varios, lo que hace Kirchner es «montar un show» porque entienden que esas elecciones nunca se harán.

«Todo es una gran mentira. Lo que buscará Máximo es armar una lista única encabezada por él con el pretexto de que no se puede ir a una interna que desgastará aún más al partido ante los libertarios», sostienen observadores del proceso peronista en PBA.

Lo cierto es que más allá de la «jugada política» del hijo de Cristina, los números que adelantan las encuestas luego de la gran derrota peronista del pasado 26 de octubre en la provincia a manos de candidatos desconocidos de LLA, está indicando que la renovación dirigencial pejotiana se hace imprescindible pero si no hay reacción interna contundente, los Milei pueden estar tranquilos porque seguirán en la Casa Rosada mucho tiempo más.

Epilogo

En el resto de los partidos políticos, incluido el PRO que hace pocos años insinuaba que había llegado a CABA para quedarse y llegar a todo el país, la situación es parecida a la del PJ.

Además, tiene dirigentes que en vez de trabajar para recuperar el protagonismo, hacen piruetas para «acomodarse» con los hermanos Milei sin importarles tirar a la basura su propia lucha y la de su ahora ex partido.

En general, ya nadie habla de recuperar los espacios partidarios donde se educaba y se formaban cuadros dirigenciales.

Hoy a las bancas legislativas llegan oportunistas sin ningún tipo de conocimientos de qué se trata y menos aún con algún compromiso hacia quienes se supone van a representar a los recintos.

La política se ha degradado en demasía y eso para cualquier sociedad significa un tremendo riesgo.

La importante ausencia de votantes en las últimas elecciones, es el más claro indicativo de esta realidad.

«La política es el arte y la actividad de gobernar y organizar la convivencia humana abarcando la toma de decisiones, la distribución de poder y recursos y la gestión de asuntos públicos para buscar el bien común», dice una definición conocida.

La realidad muestra, tristemente, que ahora cada día estamos más lejos de eso.