REDACCIÓN – www.ernestobisceglia.com.ar
Comprar teléfonos de alta gama y pasarse el día viendo Tik Tok, tiene necesariamente impacto mental. El sujeto pierde el contacto con la realidad y de pronto se imagine que habita ese mundo digital ultramoderno. Siente que viaja en un vehículo que flota y cree que su universo laboral es una fábrica donde en lugar de trabajadores tiene robots Atlas, que no descansan y tampoco piensan. En definitiva, sufren una patología, o sea, están enfermos.
Parecería ser el caso de la intendente de Cafayate, Rita Guevara, que en el último presupuesto elevado al Concejo Deliberante, les exige a los concejales su inmediata aprobación para comprar teléfonos de ultra alta gama, ordenadores de pantalla curva y conectividad satelital, mientras las calles parecen la pista de Puerto Argentino después del paso de los Harriers ingleses, los sectores del mercado parecen administrados por el “Director Salmonella”, en la plaza central los feriantes falta que encanten serpientes con una flauta pan y los residuos se hallan insepultos contaminando alegremente el medio ambiente. Entre otras muchas cuestiones, claro.
Lo de la Guevara se parece al cavernícola que venera el relámpago sin haber descubierto el fuego. Cree, como advertía Ortega y Gasset, que la técnica es un milagro espontáneo y no el fruto de una inteligencia que ella no posee ni respeta.
Confunde modernización con acumulación de objetos y gestión con exhibición. No sabe usar nada de lo que pide, pero lo reclama con ansiedad fetichista, convencida de que el atraso se cura con dispositivos y no con pensamiento.
Barbarie con Wi-Fi, analfabetismo con banda oficial, poder local reducido a una parodia tecnológica donde no se gobierna, se posa; no se administra, se simula; no se piensa, se consume progreso ajeno como quien se cuelga medallas que no ganó.
Es el último umbral del llamado “Tecno–fetichismo”, que padecen aquellas personas que atribuyen valor intrínseco a la tecnología, independientemente de su comprensión, utilidad o finalidad. Confunde medios con fines.
Es el analfabeto funcional digital, consume tecnología pero no la habita. Es propio de los seres más elementales. En psicología se denomina así al “tecnófilo ingenuo”, que piensa que la tecnología, por sí sola, resuelve problemas estructurales. Piensa que un iPhone reemplaza una política pública y que una app suple la inteligencia. Lo que los sociólogos supieron definir “Un bárbaro con juguetes”.
Es propio del síntoma llamado “Ignorancia high-tech”, una anomalía que sufren los nuevos “caudillos digitales”, creen manejarlo todo desde un teléfono cuando en realidad desconocen absolutamente la realidad.
Un Presupuesto Dudoso

En un minucioso artículo, Radio Cafayate, analiza los claroscuros del proyecto de Presupuesto enviado, donde las falencias de gestión pretenden cubrirse con un nuevo impuestazo. Invitamos a leer esta interesante nota.
En definitiva, a la intendente, Rita Guevara, pide tecnología como quien pide amuletos contra la oscuridad. No sabe para qué sirven, pero los quiere todos, relucientes, como pruebas materiales de modernidad.
Mientras tanto, en el fondo de la escena, sigue intentando encender el fuego golpeando dos piedras: desconoce el uso del fósforo, pero se fotografía con satélites. Es la versión municipal del progreso mal entendido: tecnología sin alfabetización, dispositivos sin idea, brillo sin pensamiento.
Una modernidad de utilería, donde el atraso no se supera, apenas se disimula con pantalla retina. –
