REDACCIÓN – www.ernestobisceglia.com.ar
Madama Butterfly no es sólo una historia de amor fallido: es una tragedia de asimetrías. Giacomo Puccini compone aquí una de las óperas más crueles del repertorio, no por exceso de muerte, sino por la lentitud con que la esperanza es llevada al matadero.
Estrenada en 1904, Madama Butterfly narra el vínculo entre Cio-Cio-San, una joven japonesa, y el teniente estadounidense Pinkerton, quien concibe el matrimonio como un contrato reversible y el amor como una experiencia colonial. Ella cree; él dispone. Allí se juega toda la ópera.
Musicalmente, Puccini alcanza aquí un equilibrio extraordinario entre lirismo y crueldad. La partitura utiliza colores “orientales” no como folclore decorativo, sino como atmósfera psicológica: la música acompaña la fragilidad de Butterfly y anticipa, desde el primer acto, la tragedia inevitable. El aria Un bel dì, vedremo no es un canto de esperanza, sino un autoengaño subrayado con belleza insoportable.
El final —el suicidio ritual de Cio-Cio-San— no es una apología del sacrificio, sino una denuncia. Butterfly muere no porque ama demasiado, sino porque vive en un mundo donde la palabra del poderoso no vale nada. Puccini no juzga con discursos: deja que la música exponga la brutalidad de un amor desigual.
En Madama Butterfly, el verdadero drama no es el abandono, sino la imposibilidad de ser escuchada. Por eso sigue doliendo. Porque no habla de Japón ni del siglo XIX, sino de todas las veces en que la inocencia creyó en la promesa del poder.

El Aria “Un bel dì, vedremo” – Acto II de la ópera
Literalmente significa “Un bello día veremos”. Butterfly le cuenta a su criada Suzuki el día en que verá regresar a su esposo estadounidense, el teniente Benjamin Franklin Pinkerton, desde el mar.
Puccini compone esta aria como un sueño de esperanza, una escena imaginada por Butterfly. No narra hechos pasados, sino su confianza radical en algo que aún no ha ocurrido.
Cio-Cio-San describe cómo verá primero una columna de humo en el horizonte, luego un barco blanco entrar al puerto, y cómo ella se esconderá en la colina para que Pinkerton la llame, tal como lo hacía antes. Es un gesto de fe absoluta, mezcla de ilusión romántica y dependencia emocional.
“Un bel dì, vedremo” marca el punto más alto de esperanza trágica. La protagonista cree firmemente que Pinkerton volverá. Pero el retorno que ella imagina —amoroso y lleno de afecto— terminará siendo una cruel desilusión: cuando él regresa finalmente, lo hace casado con otra mujer y dispuesto a llevarse a su hijo. La esperanza de Butterfly se rompe junto con su mundo interior.
A continuación, la versión completa de la Ópera: