Sobre la caída de Maduro:  El problema no es el fin, sino el método

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

La Sudamérica heredera del legado sanmartiniano celebra la noticia. Ha caído la dictadura que se había apropiado de esa historia para fraguar un régimen nefasto y criminal. Esta noticia sacude los cimientos del Continente; sin embargo, no deja de preocupar el método, otra vez, una operación militar encabezada por Estados Unidos, con bombardeos sobre Caracas y otras regiones cambia el curso de la historia.

El observador independiente no puede menos que preguntarse ¿Y ahora, qué sigue? La historia reciente demuestra que las garras del águila norteamericana siempre tienen un pretexto para hacerse de un país, desde las armas químicas en Irak hasta la permanente hipótesis nuclear iraní. En el caso venezolano es verdad que el narcotráfico había establecido una base importante en ese país.

El periódico inglés The Guardian, da cuenta del anuncio del presidente, Donal Trump, que calificó la operación como “brillante y un éxito táctico”. Caracas amaneció con explosiones; el gobierno chavista, en estado de emergencia; la región, polarizada y en alerta.

Es indiscutible que el régimen de Maduro necesitaba terminar, su política de secuestro de las libertades, su control autoritario sobre las instituciones, su permisividad con redes de corrupción y narcotráfico y violaciones sistemáticas a los derechos humanos, sumadas a ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas y represión política, eran inaceptables para cualquier país civilizado.

El régimen estaba agotado. El país más rico de Sudamérica terminó convertido en un bolsón de pobreza: colapso económico, inflación desbocada, migraciones masivas obligadas y una profunda erosión institucional basada en elecciones fraudulentas configuraban un cuadro de una dictadura de facto que había eliminado todo vestigio democrático. Una situación realmente intolerable e inaceptable.

Una mancha indeleble y una verdad incómoda

Desde 1990, todas las intervenciones militares norteamericanas terminaron con territorios en ruinas, sociedades fragmentadas y con la demostración de que esas invasiones que se hacen en nombre de “democracia liberal” no son más que relatos para consolidar un dominio hegemónico. Ningún país invadido por Estados Unidos logró reconstruirse sin quedar marcado por el caos, la fragmentación o la tutela externa.

Ahora ¿Era realmente imprescindible invadir a un país soberano para terminar con los negocios ilícitos del régimen? El diario “New York Post” -de línea conservadora-, publicó en las últimas horas publicó que Maduro, en un desesperado intento, expresó que “»El gobierno de Estados Unidos sabe, porque hemos dicho a muchos de sus portavoces, que si quieren discutir seriamente un acuerdo para combatir el narcotráfico, estamos preparados». Y agregó:  «Si quieren petróleo, Venezuela está lista para la inversión estadounidense, como con Chevron, cuando lo quieran, donde quieran y como quieran».

Al margen de que Maduro era un delirante peligroso y fanatizado, lo que en realidad hay que ver en este episodio no es la caída de un régimen de izquierda, sino la cuestión de la estrategia geopolítica global.

La pregunta que debemos hacernos no es solo si Maduro debía caer, a la que muchos podrían responder que sí, sino si el uso de la fuerza militar por parte de un actor extranjero es el instrumento legítimo para el fin deseado. ¿Puede un país con tanto poder de fuego —y tantos intereses estratégicos en juego— reclamar que actuó por razones puramente humanitarias o de seguridad? Esa es una disyuntiva que debe inquietarnos.

Y es que, más allá del régimen que se va, lo que ahora viene constituye un campo minado:

El fantasma de una guerra civil en Venezuela recorre las calles, porque hemos de preguntarnos también: ¿Quién va a gobernar Venezuela mañana? ¿Qué papel jugarán las instituciones venezolanas, la sociedad civil, los sectores armados internos? ¿Qué consecuencias humanitarias tendrá esta intervención en un país ya devastado socialmente? ¿Qué mensaje recibe América Latina sobre soberanía e injerencia?

Y sobre todo: ¿Qué están pensando los rusos y los chinos que tienen importantes intereses en ese país? ¿No es un manotazo de Trump para ganar posicionamiento continental ante el avance económico de los Brics?

Desde 1989, cuando cayó el Muro de Berlín, la experiencia enseña que en derrocamiento de un gobierno importa tanto el modo como el resultado. Un cambio impuesto desde fuera, con el empleo de fuerzas armadas extranjeras, deja una estela de resentimientos, vacíos institucionales y narrativas de ocupación que alimentan más de lo mismo: resentimiento, fragmentación y fracturas sociales.

Ahora, Maduro, ya es historia, pero el verdadero desafío de Venezuela será lograr reconstruir un orden político legítimo sin repetir, desde adentro o desde afuera, los mismos vicios autoritarios y extractivos que llevaron al país al desastre.

Y sobre este horizonte opaco, la idea de un “nuevo amanecer” corre el riesgo de convertirse en otra grandiosa retórica si no se la sustenta con justicia, legalidad y reconstrucción democrática. –