De atalibar a karinear: Los sinónimos argentinos de coimear

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

La inmigración trajo el lunfardo, una mixtura de castellano con italiano que resultó en un argot propio de los lúmpen, un código que utilizaba el bajo mundo y los presidiarios. Con el tiempo esos términos fueron incorporándose al léxico propio de los argentinos hasta adquirir identidad idiomática propia.

Porque en esta Argentina no sólo se produce inflación, crisis cíclicas y presidentes payasescos, caricaturas pseudemocráticas, sueños de ilusionan a los argentinos y que terminan siendo peor que las pesadillas de Fredy Kruger. En esta bendita tierra se produce también lenguaje. Y cuando el lenguaje se vuelve verbo, conviene prestar atención: ahí hay historia, costumbre y sistema.

Atalibar. Karinear, las otras designaciones del afano

Esto del saqueo al erario público para enriquecerse es tan histórico y tradicional como el mate amargo. Bueno, amargo es, pero no es nuevo. Ya Domingo Faustino Sarmiento, refiriéndose al hermano de Julio Argentino Roca -Atalíbar Roca- (empresario “exitoso”, como la abogada, Cristina Kirchner y su hija vendedora de Avón), pero político ineficiente, supo decir que “atalibeaba”, para decir que coimeaba. Así,  El verbo quedó. El método también.

Atalibar significaba aprovechar los vínculos con el Estado para beneficio personal. Traducido sin rodeos: cobrar coimas. Hacer negocios. Engrasar. Mover influencias. Lo que hoy se llama “gestión”, pero sin PowerPoint.

Pasaron los años, cambiaron los nombres propios, pero no el mecanismo. El idioma fue actualizándose con la tecnología y el marketing: ya no se ataliba, ahora se kariña. Es lo mismo, pero con tono afectuoso. La corrupción, cuando se vuelve cotidiana, se vuelve cariñosa.

Son términos que no alcanzaron rango lingüístico como para reconocidos por la RAE, pero su uso se hizo extensivo -en el caso de karinear- por las redes a partir de las sospechas de que la propia hermana del presidente de la Nación, hundía organismos de los más necesitados para guardarse el 3% de “coimisión”, otro neologismo popular.

Servicio a la comunidad: Glosario de la coima y del afano

Estos -atalibar, karinear- son verbos transitivos, informales y profundamente nacionales que en criollo elegante nos dan la idea de hacerse con “guita de la cosa pública”. A lo largo del tiempo este “deporte nacional” de enriquecerse afanando a Estado, ha formulado un cuerpo lingüístico que permite configurar un glosario del enriquecimiento ilícito que ponemos a disposición de nuestros funcionarios para que puedan “transar” sus negocios espurios con la plata de los contribuyente; otra frase derivada y popular: “¡Con la tuya contribuyente!”

Así, tenemos:

Coimear (el estándar jurídico-popular); Pedir/poner coima; Cobrar retorno; Arreglar; Hacer un arreglo;

Engrasar una operación o licitación (muy gráfico) y su versión más elegante: Aceitar.

En un Lunfardo y coloquial, podemos agregar:

Morder (“el funcionario muerde”); Tocar peaje; Pasar por caja; Pedir una atención; Dar una mano (cuando la mano tiene precio); Hacer la gauchada (corrupta y sonriente); Tirar una moneda; Pedir un extra; Sacar tajada.

Más “profesional”, tenemos los eufemismos administrativos:

Comisión (la reina de las máscaras); Incentivo (no docente); Estímulo; Reconocimiento; Honorarios informales; Gestión; Facilitar; Acelerar trámites (versión administrativo de la jurídica “Pronto despacho”)

Denominaciones histórica o con “pedigrí”

Atalibar / atalivar (sarmientino, aristocrático); Engordar el sobre; Cobrar retorno; Hacer lobby a la criolla.

Más modernos y cínicos:

Karinear o kariñar / cariñar (con ternura, pero ilegal); Armar el numerito; Cerrar por afuera;

Ir por izquierda (una contradicción en un gobierno de ultra derecha); Hacer la diferencia.

Específicos para la sección de obra pública (clásico nacional)

Mojar; Pedir el diezmo; La mordida; Peaje; El vuelto o El retorno técnico.

Por fin, el cierre técnico-jurídico porque a confesión de parte, relevo de pruebas, el audio donde escuchamos: “Escuchame, Pedro. Si no me atendés, me quedo en 3%. No me hagas kariñarte la comisión, te pido por favor.”. No es literatura costumbrista. Es registro. Quedó grabado. Se actualizó el léxico.

Esto de coimear, como se ve, es como los exámenes finales; primero son teóricos y luego pasan a la práctica llevándose “la mía”, que es un malsano eufemismo porque en realidad es la nuestra.

Sabiamente, el arquitecto, Alberto Belgrano Blanco, proyectó aquella escultura que representa el inequívoco gesto de “recibir una propina”, materializada por José Hortal cuando era Director Nacional de Arquitectura, en el edificio del ministerio de Salud y Desarrollo Social, en la Avenida 9 de Julio en la Ciudad de Buenos Aires.

Sí, lo dicho, Argentina, país de tradiciones acendradas, donde nada es nuevo, pues como diría Antoine-Laurent de Lavoisier, “Nada se pierde, nada se crea, todo se transforma.”

Antes se coimeaba, ahora se karinea, pero igual nos siguen afanando a todos. –