POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Uno de mis libros que espera aún publicación que titulara “El aporte de la inmigración italiana a la Argentina” traza el inmenso aporte de esa colectividad a nuestra Patria, plasmado en el lunfardo, los giros idiomáticos, la gastronomía, la arquitectura, los oficios, la universidad, el arte y por supuesto, la música. Dentro de esta última, la tarantella constituye el rasgo más distintivo.
La tarantela es una danza popular del sur de Italia, especialmente de Campania, Puglia, Calabria y Sicilia, cuyos orígenes se remontan a la Edad Media. Su nombre está ligado al mito del tarantismo: se creía que la picadura de la tarántula provocaba un estado de locura o trance que sólo podía curarse mediante la música frenética y la danza.
De rito terapéutico y casi exorcista, la tarantela se transformó con el tiempo en fiesta, cortejo y desafío, con pasos veloces, giros vertiginosos y un ritmo insistente, generalmente en compás ternario.
Durante el siglo XIX fue “domesticada” y llevada a los salones europeos, ingresando incluso en la música académica —Rossini, Chopin, Liszt—, aunque sin perder del todo su carácter pagano, solar y popular.
En el fondo, la tarantela es una danza que celebra la vida como exceso: se baila para no sucumbir.
A continuación, presentamos dos ejemplos: la tarantella napolitana y luego la versión siciliana.
