Cuando el “periodismo” mata a la verdad

Por Ernesto Bisceglia – www.ernestobisceglia.com.ar

Hubo una época en que si “lo dijo el diario” o “salió en la tele” era una verdad irrefutable. Hoy, las redes sociales han construido un terreno minado para la verdad: lo que se publica no siempre es confiable y obliga a recurrir a múltiples fuentes para apenas intentar verificarlo.

Circulan videos que anuncian terremotos catastróficos en San Francisco y Los Ángeles “con 3.500 muertos”, acompañados de imágenes desoladoras; se difunden muertes de artistas o de personajes públicos que, curiosamente, no pensaban en fallecer todavía. Todo vale.

No se trata solo de error informativo. Es algo más grave: la evidencia de que hemos cruzado una frontera cultural. Vivimos en un mundo invertido. Antes se confirmaba para publicar; hoy se publica para confirmar después, si queda tiempo y si el daño no importa demasiado.

En comunicación, el rumor siempre fue un arma eficaz. Pero entre el rumor y el dato cierto hay un trecho que hoy se recorre a toda velocidad. El vértigo de las redes empuja a medios y comunicadores a querer ser los primeros. La primicia parece justificarlo todo, aunque sea una victoria fugaz. Lo que vale es llegar antes, aun a costa de jugar con liviandad con los hechos y, a veces, con la vida ajena. Total, todo es descartable.

En términos simbólicos esto es aún peor: viralizar un desastre que no ocurrió o “matar” a alguien por noticia es una forma de violencia moral, institucional y narrativa. Una violencia que afecta a la persona, a su entorno o a un pueblo entero, según el caso.

Ese pseudo-periodismo constituye un peligro social. Hace que la verdad llegue tarde, jadeando, mientras la mentira ya completó su recorrido triunfal, amplificada por algoritmos y crédulos.

Hemos pasado de aquel viejo aserto —“lo dijo la tele, la radio o salió en el diario”— a un estado de inestabilidad permanente donde ya ni siquiera la muerte es confiable. En este tiempo no hace falta morir para ser velado: alcanza con que alguien lo publique.

Lo mismo ocurre con la política y el poder. En estos días, según las redes, Donald Trump ya cayó empujado por el Congreso, Putin lanzará mañana a la hora de la siesta un misil nuclear “Oreshnik” sobre Washington, o los Annunaki se presentarán ante el Papa en Nochebuena. Da igual: habrá multitudes dispuestas a creer y a compartir, creando estados de zozobra colectiva.

Antes se decía que en toda guerra la primera víctima era la verdad.

Hoy, ni siquiera hace falta una guerra: basta un video.