Ensayo sólo para iniciados: El sistema educativo frente a un próximo desastre con la reforma educativa libertaria

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

El siguiente es un escrito que será denso para quienes no están en la materia o no la comprenden en su importancia capital. Todos los países que quisieron cambiar su estatus, organizarse o progresar, lo hicieron a partir de una reforma educativa.

Lo hicimos nosotros, llamando al Congreso Pedagógico Internacional, en 1882, de donde surgiría la Ley 1420 que formó a este país y consolidó la educación durante más de un siglo. Lo hizo la Tercera República francesa con los lineamientos de Emile Durkheim, y así…

En la Argentina, desde Carlos Menem, con la Ley Federal de Educación, comenzó el desguace del sistema educativo que se profundizó a límites terminales con la Ley Nacional de Educación, dictada por el kirchnerismo. El resultado: cohortes con graves déficits de lectoescritura y comprensión básica que lanzamos a las calles cada año.

La formación docente cayó igualmente en picada. Como capacitador docente, en uno de los últimos cursos que dicté, tenía 120 directoras de toda la provincia que eran incapaces de leer un artículo de periódico y analizarlo. La calidad docente es en algunos casos paupérrima.

La Ley de Libertad Educativa, una propuesta tirada de los pelos

El gobierno de Javier Milei está impulsando un proyecto de reforma educativa profundo, bautizado como Ley de Libertad Educativa, que plantea cambios estructurales en el sistema escolar argentino. Pero es importante distinguir lo que ya está publicado oficialmente (o en borrador) de lo que circula en versiones filtradas o declaraciones sin respaldo formal.

Según informes recientes sobre el borrador oficial del proyecto de Ley de Libertad Educativa, se propone lo siguiente:

1.- Habilita el “home schooling” o educación en el hogar como modalidad formal: permite que las familias eduquen a sus hijos fuera de la escuela tradicional y acrediten los aprendizajes mediante exámenes periódicos.

2.- Introduce modalidades híbridas y a distancia, ampliando opciones educativas más allá de la escolarización presencial tradicional.ta

3.- Ampliaría la autonomía de escuelas, incluso con planes de estudio propios basados en el ideario de cada institución, respetando contenidos mínimos comunes.

4.- En alguna versión del borrador, se habilitaba la enseñanza religiosa confesional opcional en escuelas públicas fuera del horario escolar, aunque esta parte fue objeto de debate y podría haber sido eliminada o reformulada en la versión final presentada.

Esto no significa (a diferencia de lo que circuló en rumores o versiones filtradas) que haya una orden explícita de “imponer enseñanza religiosa” o una política que obligue a estudiar en casa. Lo que se propone es abrir la puerta a estas modalidades de forma legal y opcional, dentro de un marco de “libertad educativa”.

No obstante, pensamos desde una óptica liberal profunda —Locke, Mill, incluso Alberdi— que el Estado no puede enseñar religión sin traicionarse a sí mismo. No porque la religión sea mala, sino porque no es competencia del poder público.

Home schooling: la idea puede ser liberal, el contexto no

El “home schooling” introduce modalidades virtuales o híbridas; esto cambia el paradigma tradicional de escolarización obligatoria presencial, y por eso algunos analistas o críticos hablan de una posible tendencia hacia la desescolarización o reducción del rol del Estado como único garante del aprendizaje.

Esto no equivale a una eliminación completa del sistema escolar público, ni a una medida universal que imponga educación en casa. Es una ampliación de opciones dentro del sistema educativo.

Lo que se puede estar pensando como una opción de libertad, no se compadece con las condiciones de nuestro país porque la libertad sin condiciones materiales es ficción. Un sistema de “home schooling” requiere adultos formados, tiempo disponible, capital cultural, recursos pedagógicos. Todas condiciones imposibles para la gran mayoría de argentinos donde muchas familias apenas sobreviven, otras -sobre todo de pensamiento “K”- reproducirían ignorancia, dogma o precariedad.

¿Qué tendremos entonces? educación para ricos, abandono para pobres.

Los docentes son víctimas del sistema, no es culpa individual su mala formación. Lo que vemos es resultado de décadas de degradación institucional, terciarios vaciados, pedagogía sin contenido, evaluación abolida y mérito sospechado.

En ese contexto, habilitar home schooling no es libertad sino retirada del Estado de su última obligación estructural. Esta idea entraña el riesgo oculto de desescolarización sin decirlo. Vamos hacia un país más ignorante aún, porque el Estado está diciendo “Si no funciona la escuela, arréglense.” Esto no es liberalismo. Eso es abandono estatal con retórica libertaria.

La escuela no es sólo contenido: es ciudadanía

Hemos tenido el privilegio de educarnos desde la primaria en los mejores colegios privados, incluso en la universidad, pero defendemos de manera irrestricta a la escuela pública porque aquel país extraordinario que tuvimos fue resultado de la educación pública.

Y eso porque la escuela pública no enseña sólo matemáticas, lengua o historia. La escuela pública socializa y al poner en contacto con el otro colabora en borrar diferencias sociales. Hipólito Yrigoyen, estableció el guardapolvo blanco para que no hubiera diferencias entre los niños.

La escuela pública enseña reglas comunes y construye ciudadanía. El home schooling masivo rompe eso, fragmenta, tribaliza y privatiza la formación del sujeto. Hasta podría decirse que es anticonstitucional en tanto debilita el deber indelegable del Estado de garantizar igualdad de oportunidades educativas

Un liberal serio no quiere individuos aislados, quiere ciudadanos libres en comunidad. En la Argentina de hoy, no estamos preparados para eso. No culturalmente, no pedagógicamente, no institucionalmente.

En ese contexto, promover la educación en el hogar no es un salto hacia la libertad: es, en muchos casos, un salto al vacío.

Antes de ensayar experimentos educativos importados o mal comprendidos, quizás valga la pena hacer lo obvio y lo difícil: reconstruir la escuela, jerarquizar al docente, devolverle centralidad al conocimiento y al esfuerzo.

Sin eso, cualquier discurso sobre libertad educativa corre el riesgo de convertirse en una coartada elegante para profundizar desigualdades.