La Patria argentina: A la hora de los guisos y las sobras

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

A quienes hemos vivido algo más del último cuarto de siglo de vida argentina no nos pueden venir a contar nada nuevo. Menos aún en materia económica: lo hemos pasado todo, incluso una guerra. Hemos sido testigos de una destrucción sistemática del país. Pero nunca como ahora, bajo el gobierno libertario.

En ejercicio de esa memoria histórica, recordamos aquellos días de la televisión argentina en que los melodramas de Alberto Migré capturaban la atención a la hora de la siesta. Uno de esos títulos contundentes fue “Los miedos y las sombras”. Y sí: vivimos miedos, dictadura, represión, zozobra social y planes económicos que se posaban sobre la República como un destino trágico inevitable.

Bajo la administración de Javier Milei —a quien votamos— muchos nos sentimos defraudados. Porque la poda, la revolución y la restauración no las está pagando la clase política, sino el pueblo; y para colmo, los más pobres y necesitados. Hemos visto gobiernos malos y muy malos, pero jamás uno que ajuste con tanta crueldad selectiva.

Pasamos de “Los miedos y las sombras” a “La hora de los guisos y las sobras”. Desde fines de 2023 hasta agosto de 2025, el tejido empresarial formal argentino se ha contraído de tal modo que un promedio de 30 empresas dejan de existir cada día, y la economía formal ha destruido más de 276 mil puestos de trabajo registrados, según datos difundidos por importantes periódicos y agencias de noticias. ¿Qué otra cosa es esto sino un país que, a fuerza de recetas neoliberales fragmentadas, cocina su propio guiso de precarización?

En aquellos guisos que preparaban nuestras madres, se procuraba que hubiera de todo, “porque hay que alimentarse”. Hoy, el gran guiso argentino es una mezcla desigual: sectores productivos golpeados, empleo formal en caída y una economía que parece prescindir de la fuerza laboral estable. Los resultados se ven en cada pyme que baja sus persianas, en cada fábrica que no reabre, en cada joven que convierte la informalidad en destino. Mientras tanto, persisten discursos sobre la “liberación económica”, como si la eliminación drástica del Estado fuera una panacea o, peor aún, una garantía republicana.

El kirchnerismo fue contra la meritocracia; el gobierno libertario va contra el esfuerzo. Cada día se exige más esfuerzo para estar peor. Y no es casual. En el presupuesto 2026 se intentó disfrazar el recorte a los discapacitados y a la universidad pública. Lo primero roza las formas más extremas de eugenesia social; lo segundo es un ataque directo al conocimiento y revela la pretensión de una Argentina con menos ciudadanos críticos e ilustrados.

La metáfora de los guisos no es trivial: al final del día, lo que queda en la olla es lo que comemos, y lo que sobra define la próxima ración. Hoy, las sobras de esta gestión parecen más amargas que nutritivas. Vale preguntarse si la patria que cocinamos colectivamente nos alimenta… o si nos condena a digerir recortes, desempleo y silencios.