ERNESTOBISCEGLIA.COM.AR – POR ERNESTO BISCEGLIA. – La hora de dar la cara ha llegado para todos. El tiempo de los tibios se ha terminado. La intervención del PJ Salta, no es una acción política sino una vil revancha que apunta sus miras a desestabilizar la institucionalidad y la gobernabilidad de la provincia. Es un tiro por la espalda al gobernador, Gustavo Sáenz.

Para los no avisados, el término «chirinada», proviene del episodio en que el gaucho, Juan Moreira, en un acto de traición, es herido por la espalda por el sargento Chirino. El acto se tornó más infame ya que Moreira se hallaba desarmado.
Aplicado a la política, en el imaginario popular describe una agresión o acción que se lleva a cabo de manera deshonesta y traicionera, sin dar la oportunidad de defenderse a quien es atacado. Se asocia a decisiones caprichosas, autoritarias o poco transparentes, generalmente para beneficiar a ciertos sectores o personas.
La intervención del Partido Justicialista de Salta no es un hecho casual ni carente de fundamentos políticos y estratégicos. Se trata de una medida que responde a una serie de factores que han venido afectando a la conducción del peronismo en la provincia y a su alineación con los intereses nacionales del partido.
En primer lugar, el PJ salteño ha atravesado un largo período de fragmentación interna. Las distintas líneas internas han debilitado su estructura. Una de esas líneas, el Partido de la Victoria, liderado por el actual senador nacional, Sergio “Oso” Leavy, se ha fortalecido como una suerte de Caballo de Troya dentro del verdadero peronismo de Salta. Porque a fuer de ser honestos y sinceros, aquí pasan dos cosas: con las distancias debidas, Leavy, se mantuvo siempre en la misma vereda del kirchnerismo mientras otros saltaban de un espacio a otro como colegialas jugando al elástico; en segundo lugar, ningún peronista bien nacido puede aceptar que el kirchnerismo tenga una pizca siquiera de peronismo.
¿Acaso, alguien puede afirmar que durante las décadas de gobierno del régimen “K”, ¿se haya puesto de manifiesto alguna de las verdaderas banderas del peronismo?
Hicieron desaparecer todo vestigio de doctrina, se sepultó la mística olvidando la figura de Evita Perón y se saqueó el Estado, se deprimió la educación al punto de que los establecimientos lanzan a las calles cada año manadas de semianalfabetos. Se destruyó la salud pública al enviar a la pobreza a más del 40% de los argentinos, con el saldo indigno de millones de niños y jóvenes desnutridos. Algo jamás visto en la historia contemporánea argentina.
Con la “Doctrina Zaffaroni”, todo intento de imponer el orden y la seguridad pública fueron tachados de “represión”. La moral del pueblo argentino fue desgajada imponiendo la dictadura de las minorías. En la Argentina kirchnerista, un delincuente, un asesino o un violador, fueron considerados poco menos que ciudadanos honorables. Y a los ciudadanos honorables el kirchnerismo nos convirtió en victimarios.
No, ningún peronista que conozca la esencia del peronismo puede aceptar que Cristina Fernández, aunque legalmente sea presidente del PJ nacional, moralmente esté capacitada para ocupar ese lugar. Dos veces condenada por la justicia, más que ex presidentE, es un baldón para el prestigio de la República.
Pero la política tiene estas cosas, y desde esa conducción del PJ nacional formada hoy por pervertidos morales y políticos, en un nefando contubernio donde ha tallado cartas marcadas un imputado como el diputado nacional, Emiliano Estrada, acusado de conspirar desde el anonimato y a traición (otra “chirinada”) contra el gobierno de la provincia y otras personalidades públicas, en un acto de clara revancha y venganza política, se ha decidido la intervención del Partido Justicialista de Salta.
La jugada es clara y evidente. Se trata de desalojar a los verdaderos peronistas y con apego a la línea oficialista de Gustavo Sáenz de la conducción local para instalar a un grupete de advenedizos obnubilados por el carisma de la dos veces condenada y -claro está- también por intereses personales, para convertirse en eso que ellos fomentaron en sus años de gobierno: “okupas” de la Casa del peronismo salteño.
Pero nadie se sorprenda. Estrada y Leavy tienen historia en esto de las jugadas turbias dentro del peronismo salteño. Uno con su perfil de «técnico con ambiciones desmedidas» y el otro con su estilo de cacique territorial, han encontrado en la intervención una manera de despejarle el camino a su propio armado.
El problema de estos esbirros kirchneristas, o más bien, el obstáculo a sus ambiciosas pretensiones, es el gobernador, Gustavo Sáenz, que hasta aquí había logrado sostener un peronismo provincial más bien autónomo, sin quedar atrapado en las internas del kirchnerismo.
Esta intervención claramente es un intento de desarmar ese esquema y forzar un reordenamiento que debilite políticamente a Sáenz y al peronismo, pero lo más grave es el ataque solapado a la Institucionalidad de la provincia. Con individuos como estos, las Instituciones de la República están en peligro.
Como hipótesis de conflicto diremos que conviene pensar que, si Estrada y Leavy logran tomar el control del PJ salteño, lo usarán como plataforma para 2025 y 2027, proyectándose como la alternativa «opositora peronista» a Sáenz. Sería un contrasentido, pero todo indica que irían en esa dirección.
Esta intervención al PJ Salteño no es sino la máscara con que estos tirifilos piensan disfrazarse de peronistas.
Pero como “La verdad es la única realidad”, la intervención dictada por la condenada “K”, no cayó nada bien entre los sectores militantes.
Y ahí está el centro de la cuestión. Si ya hay enojo en las bases, es posible que la intervención termine siendo un tiro en el pie para Estrada y Leavy. Un PJ intervenido pero sin respaldo real en la provincia puede convertirse en un sello vacío, sin estructura ni capacidad de movilización.
Luego, lo que tendría que hacer el verdadero peronismo es volver sobre sus fuentes, recuperar aquello que lo convirtió el Movimiento más poderoso de la historia política contemporánea: Movilizarse.
Las sonrisas de triunfo de los intervencionistas podrían borrarse pronto porque si las bases reaccionan, esta intervención puede terminar generando el efecto contrario al que buscaban. En lugar de consolidar poder, Estrada y Leavy podrían enfrentarse a una reacción intensa de la militancia, lo que fracturaría aún más al PJ salteño. Pero en esa fractura estaría también la depuración y el fortalecimiento de la gobernabilidad de Gustavo Sáenz.
Si los grupos de resistencia logran articularse bien, podrían convertirse en un polo de oposición interna fuerte, e incluso en un punto de encuentro para quienes ven en la intervención un atropello.
¿Y los intendentes?
Dijimos “ut supra”, que no es hora de tibios, por lo que los intendentes deberán ahora fijar su posición y ahí está la clave. Si los intendentes cierran filas con el gobernador, Sáenz, y defienden la institucionalidad, la intervención podría quedar deslegitimada en la práctica.
Pero si algunos ven la oportunidad de negociar con Estrada y Leavy para asegurarse cuotas de poder territorial, el panorama se vuelve más incierto…, para los que trancen con estos “Chirinos”, claro está.
Otro dato de la realidad es que entre los intendentes no existe en este momento ninguno con capacidad como para liderar una movida “Pro-K”, tampoco legítimamente peronista, por supuesto.
Por eso, será interesante ver cómo se pronuncia el Foro de Intendentes de la Provincia como Institución. Porque conviene repetirlo, aquí no se juega la intervención del PJ Salta en sí; aquí se está tentando iniciar una desestabilización de la gobernabilidad.
Por eso vienen al caso aquellas palabras de George Washington cuando dijo: “La Constitución no debe respetarse porque sea buena o mala, sino por que es la Constitución”. De la misma manera, un gobierno legítimamente constituido por el voto popular, debe respetarse porque es un gobierno legítimamente constituido por el voto popular.
Con esta intervención al PJ Salta, se evidencia aquel axioma del Derecho: Puede ser una intervención legítima de acuerdo a derecho, pero es inmoral políticamente.
En los hechos, habría que evitar que se consume la jugada de Sergio Leavy, de reelegirse senador nacional en una “alianza” PJ-Partido de la Victoria, porque hay una parte que no es legítima, la de un PJ Salta intervenido. Y respecto de Emiliano Estrada, se le debería impedir presentarse a competir por ningún cargo electivo y votar, simplemente, porque los muertos no pueden hacerlo. Y él, ya es un cadáver político.
El gobernador, Gustavo Sáenz, es de extracción verdaderamente peronista y representa a la institucionalidad democrática; ergo, el peronismo auténtico, con diferencias o no, debe movilizarse en resguardo de su continuidad sin sobresaltos. Porque “Para un salteño, no hay nada mejor que otro salteño”. Y también “A esto lo arreglamos entre todos, o no lo arregla nadie”.
Movilizarse, salir del metro cuadrado de confort, proteger la Casa peronista, hacer sentir que las Bases no comen vidrio. Y, sobre todo, ser fieles a la doctrina peronista.
No sea cosa que mañana las Bases marchen, pero no con los dirigentes a la cabeza, sino con la cabeza de los dirigentes. –