¿En cuál país vivimos? ¿El de Milei, o el de nuestra realidad?

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

De pronto, tras escuchar el discurso de apertura de Sesiones del presidente, Javier Milei, pareciera que el país está dividido en dos: aquel que grita el presidente y el de los datos duros, el nuestro, el de cada día.

En toda Asamblea Legislativa ocurre el mismo fenómeno: el Presidente no describe un país; describe una interpretación del país, en este caso, la suya. El discurso no es una fotografía sino un encuadre. Y como todo encuadre, ilumina algunas zonas mientras deja otras fuera de campo.

El mensaje de Javier Milei ante el Congreso no fue la excepción. Más que discutir intenciones, un territorio estéril de la política argentina, conviene contrastar afirmaciones concretas con indicadores disponibles. Allí aparece una distancia menos ideológica y más mensurable: la que existe entre la palabra y los datos.

1. Empleo: estabilidad estadística y deterioro laboral

El Presidente sostuvo que durante su gestión no aumentó el desempleo y que incluso creció la cantidad de personas que buscan trabajo.

Los registros laborales muestran un cuadro más complejo. Datos del empleo formal indican una reducción significativa de puestos registrados desde el inicio del actual gobierno, junto con el cierre de miles de unidades productivas, especialmente pequeñas y medianas empresas. Paralelamente, los últimos informes oficiales reflejan un aumento de la informalidad y fluctuaciones al alza en la tasa de desocupación interanual.

La afirmación presidencial puede sostenerse si se observa un trimestre específico; pierde solidez cuando se analiza la tendencia completa.

2. El ajuste y los impuestos: una discusión semántica

Milei reiteró que el ajuste debía recaer sobre la política y no sobre la sociedad.

En términos estrictamente tributarios hubo reducciones puntuales -principalmente en impuestos patrimoniales-, pero el grueso del reordenamiento económico se produjo mediante la eliminación de subsidios y la recomposición de tarifas de servicios públicos y transporte.

No se trató tanto de una baja general de la carga económica como de un cambio en su composición: menos subsidio estatal y mayor costo directo para los usuarios.

La discusión, entonces, no es si hubo ajuste, sino quién terminó absorbiéndolo.

3. Educación: reforma declarada y presupuesto tensionado

El discurso oficial enfatizó la recuperación de estándares educativos y la revisión curricular para fortalecer competencias básicas.

Sin embargo, universidades nacionales y organismos educativos vienen señalando una fuerte caída del financiamiento real producto de la inflación acumulada. El conflicto presupuestario universitario, visible durante todo el año, expresa precisamente esa tensión: reformas anunciadas en simultáneo con recursos que pierden capacidad operativa.

La política educativa aparece así atravesada por una paradoja clásica argentina: voluntad reformista en el discurso y restricción fiscal en la ejecución.

4. La prioridad de la infancia y los indicadores sociales

El Presidente afirmó que su gobierno puso a los niños en primer lugar. Evaluar esa afirmación exige observar indicadores sociales de evolución lenta: pobreza infantil, acceso a alimentación y cobertura sanitaria.

Diversos estudios sociales coinciden en que el ajuste inicial impactó con mayor intensidad en los hogares de menores ingresos, donde se concentra la población infantil. Aun cuando algunos indicadores macroeconómicos muestran estabilización, los efectos sociales suelen manifestarse con rezago y mayor persistencia.

La prioridad política declarada todavía enfrenta el examen del tiempo estadístico.

5. Salarios en dólares y poder adquisitivo

Uno de los ejes centrales del discurso fue la afirmación de que los salarios en dólares se triplicaron.

El dato es técnicamente correcto si se mide el ingreso en moneda estadounidense tras la apreciación cambiaria. Pero la economía cotidiana se rige por otra variable: el poder de compra interno.

Indicadores de consumo, endeudamiento familiar y morosidad muestran que amplios sectores sociales redujeron gastos y aumentaron el uso del crédito para sostener niveles básicos de consumo. El salario puede valer más en dólares y, simultáneamente, comprar menos dentro del país.

La diferencia entre ambas mediciones explica buena parte del malestar social actual.

En Conclusión

Los discursos presidenciales no están obligados a mentir; les alcanza con seleccionar qué parte de la realidad mostrar. La política trabaja con narrativas, mientras la economía insiste en números menos dóciles.

El problema aparece cuando ambas versiones del país comienzan a separarse demasiado. Porque tarde o temprano -en la góndola, en el empleo o en la factura de servicios- los ciudadanos terminan viviendo no dentro del discurso, sino dentro de las estadísticas.

Y las estadísticas, a diferencia de la política, no votan: se acumulan.

© – Ernesto Bisceglia

Ernesto Bisceglia es periodista, escritor y docente. Autor de una extensa producción ensayística y narrativa sobre historia argentina, pensamiento político y cultura cívica, cuenta con más de veinte obras reconocidas algunas con premios nacionales e internacionales. Como columnista y conferencista, aborda el presente desde una perspectiva histórica orientada a comprender las transformaciones del poder y la identidad argentina. Dirige www.ernestobisceglia.com.