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La Libertad enjaulada entre los  barrotes invisibles de su propia esclavitud

La Libertad, ese anhelo intrínseco del ser humano como don directo del Creador que es, esa aspiración sublime por el que los hombres se inmolan y litan, puede ser, sin embargo, la prisión primera del alma. Una paradoja que muy bien Jean Jacques Rousseau define diciendo: "“El hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado”. Esa Libertad que muta desde aspiración salvífica a una bastardeada concepción política y donde nunca la política podrá hacer libre al hombre, ni siquiera a los que la predican, ya desde el púlpito o ya desde las tribunas del poder

SALTA-POR ERNESTO BISCEGLIA.- De pronto, una observación surgida de un cambio de ideas nos involucra en la meditación sobre el sentido de la Libertad. La proclama individual de aquellos que osan decir que son libres ante la cavilación serena e introspectiva cae derrotada frente a la evidencia de que esa aspiración encuentra siempre aquí o allá una jaula, que, con no ser de hierro, le impone limitaciones igualmente asfixiantes. Esos barrotes asumen la corporeidad de cortapisas políticas, sociales, o las peores todavía, emocionales y espirituales.

La política, desde cuyos ambones se predica la libertad de los pueblos, que motiva a cometer incluso asesinatos en procura de instalar algún nihilista régimen de «libertad socialista» hasta el peregrino sistema libertario, la que en verdad debiera abrir caminos de libertad, es una de las mayores opresiones. La política oprime a las libertades individuales con la falta de libertad de expresión, de elección y hasta ambulatoria cuando se comete el crimen político de encarcelar o destruir al que ejerce su libertad de pensar distinto. ¡Qué significado profundo adquiere aquel póstumo grito de Madame Roland ante la cuchilla del Terror: ¡Oh, Libertad!, ¡cuántos crímenes se cometen en tu nombre!

Otra prisión de la libertad son las religiones, dicho más criteriosamente, los jerarcas de las mismas. Porque las religiones en su materia esencial aspiran a la Libertad, son liberadoras, pero quienes se apropian de Ese Libro sagrado lo convierten en cadalso de aquellos librepensadores. El catolicismo es la muestra más significativa de la atomización de todo espíritu libre condenando a la muerte atroz a todo hereje, otro contrasentido pues «hereje» en su etimología tanto griega como latina significan ‘libre de elegir’. Y en esto se demuestra lo demoníaco del «Santo Oficio» cuando predica la supuesta «libertad evangélica» asesinando al que elige ser Libre según la disposición de la Razón, otro primer don obsequiado por el Padre.

¡Qué decir de los barrotes sociales que oprimen a la Libertad! Ese «súper yo» impuesto por Sigmund Freud, retrata la presión que conforman los estándares sociales sobre el individuo. Actúan a nivel introspectivo, pero también a nivel social cuando establecen raseros de género, raza o condición social; estos estereotipos pueden limitar la libertad de las personas que no se animan a expresar su verdadero «Yo». Es el Estado hegeliano donde esos barrotes invisibles, pero coercitivos a menudo impiden que la individualidad florezca manteniendo a los ciudadanos en la jaula de la comodidad.

La Libertad en el espacio del Ello

Pero el mayor tirano que puede oprimir a la Libertad del individuo habita en los intersticios de su propia conciencia. Es tal vez paradójico, porque el terreno del Ello -según la teoría freudiana- aquella parte instintiva e inconsciente de la mente que está orientada a la satisfacción inmediata de deseos y necesidades básicas sin preocuparse por las normas sociales o las consecuencias, debiera ser el ámbito donde gobierna la Libertad «in excelsis».

Sin embargo, es importante señalar que esa noción de libertad en el contexto del Ello puede tener limitaciones, ya que según argumentaba Freud, la sociedad y la cultura imponen restricciones necesarias para la convivencia y la estabilidad, es decir, en ese ámbito del Ello se levantan los barrotes que el Yo y el Superyó le imponen a esa posible Libertad irrestricta que haría obrar al individuo con una libertad en estado casi salvaje, si se acepta la expresión. Para decirlo mejor, el Yo y el Superyó, actúan como morigerados de los impulsos del Ello mediante las demandas sociales y morales.

Para expresarlo con mayor claridad aún, aunque en el Ello -lo íntimo de la conciencia- se encuentra la verdadera Libertad, la educación, la religión, las costumbres sociales, los códigos penales, internalizados en el sujeto restringen, o auto restringen los impulsos de una Libertad total y absoluta.

Comprendido el mecanismo funcional de la Libertad en el espacio de la conciencia del individuo, pueden mencionarse además otros «barrotes» que conforman la jaula donde se atrapa a la Libertad; son las emociones y las experiencias personales. Las cicatrices emocionales, los duelos no elaborados, las ansiedades y los temores. De todas ellas, el principal cancerbero es el miedo que paraliza cualquier impulso.

El temor actúa como el moderador o represor invisible más cruel que impide a las personas perseguir sus sueños y aspiraciones, estableciendo en ocasiones un juego perverso con el sentimiento del amor que representa «una tendencia hacia…» y que por temor a distintas consecuencias se reprime generando una antítesis entre los dos más sublimes sentimientos humanos precisamente, el Amor y la Libertad. En este punto, la Libertad emocional puede ser tan crucial como la Libertad física.

Conclusión:

En última instancia, la Libertad enjaulada puede manifestarse de diversas maneras, y su superación requiere de un esfuerzo consciente. Al reconocer las jaulas políticas, sociales y emocionales, podemos trabajar hacia la creación de sociedades más libres y abiertas, por ejemplo.

La libertad, después de todo, no solo es la ausencia de cadenas físicas, sino la capacidad de ser uno mismo sin restricciones externas.

Liberar a la libertad de sus jaulas invisibles es un llamado a la acción que todo individuo debiera atender para construir un mundo propio más libre y equitativo, y que obviamente, por carácter transitivo se proyectara al universo social en la búsqueda de construir una sociedad libre de los barrotes de la codicia, del hedonismo y sobre todo de la soberbia. –

 

 

 

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