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El Feminismo en la Era de Acuario

Sería necesario calibrar bien los términos para no caer en excesos, tanto en concebir al feminismo como una corriente violenta que pregona una supuesta libertad procaz y reclama derechos que terminan dañando a la imagen de la mujer, distanciándola del Feminismo -con mayúsculas- que representa la exaltación de lo femenino dentro del Orden de la Creación. Asimismo, hablar de Era de Acuario, podría significar para los no iniciados un delirio cercano a un culto esotérico cuando en realidad se trata de una realidad astrológica comprobada por la historia.

SALTA – POR ERNESTO BISCEGLIA.- Abordar tanto el Feminismo -con mayúsculas- como la cuestión astrológica de Acuario demandaría un trabajo más pormenorizado que excede el espacio presente y la paciencia del lector, pues un artículo con pretensiones de breve ensayo es diferente a un tratado sobre un tema, obviamente.

De modo que digamos sucintamente que está comprobado que el Sol demora aproximadamente 2250 -décadas más, décadas menos- en pasar de una Casa astral a otra y cada una coincide con un momento de la historia del hombre. Bajo la tutela de Aries, por ejemplo, se desarrolló el Imperio Romano, esencialmente militar y machista. Los romanos adoraban dioses masculinos como Marte, Júpiter o Apolo, aunque la mujer ejercitaba cierto dominio sobre los hombres en sus casas, especialmente interpretando (o creando) sueños. Son famosas las pitonisas de la época.

Para los místicos, teósofos y cultores de la New Age, la constelación de Aries emigró en el momento del nacimiento de Cristo (punto vernal, lo llaman) hacia la Constelación de Piscis, caracterizada por el pescado. De hecho, el Regente de esa Era -el Cristo- se representaba con un pez y a la vez era la contraseña de los cristianos bajo la persecución romana. El Cristo elige a pescadores como discípulos y les dice: «Os haré pescadores de hombres» (Mt. 4, 18-20). Esa Era que dura aproximadamente un poco más de 2000 años se caracteriza por una centralidad cristiana, deformada por las interpretaciones subjetivas de la Iglesia Católica que copió, pegó, cortó, los relatos según su conveniencia de poder. Pero el sentido profundo de la Era de Piscis es verdaderamente Liberador y Salvífico. Esa hegemonía de poder católico impuso los dogmas -que no están en los Evangelios- y redujo a la mujer exaltando la masculinidad del sacerdocio supuestamente a imitación del celibato del Cristo que por el contrario fue el primer feminista de la historia.

En efecto, en los Evangelios, sobre todo los sinópticos, Jesús mantiene un alto número de referencias a las mujeres. De hecho, los estudiosos tanto judíos como cristianos coinciden que, a diferencia de otros fundadores de corrientes religiosas, Jesús jamás discriminó a una mujer, por el contrario, enseñó a respetarlas, las liberó y las afirmó dentro de una sociedad tan machista como aquella de la Judea. Perdona a la adúltera ¿Mujer, dónde están los que te acusaban? « (Jn. 8, 10), e incluso libera de demonios a la hija de una mujer griega (Marcos 7:24-30 y en Mateo 15:21-28).

Hay que valorar que las grandes protagonistas de la historia de esa Era son las mujeres. Dios encarna (Unión Hipostática) en una mujer «…asumiendo la naturaleza humana en el seno de la Virgen…» (Lucas 1:26-2:52). Más de 52 menciones se hallan sobre «Las mujeres que le acompañaban» y en el momento más trágico de la Pasión, son las mujeres -la Madre y la Magdalena- quienes le acompañan, los hombres han huido. A ellas se les aparece resucitado (Mateo 28:8-10) y a ellas les encarga gritar esa Verdad. No era poca cosa en un mundo masculino y hostil.

La Era de Acuario

Se discute sobre cuándo comenzó la Era de Acuario, cuyo regente según los teosóficos y esotéricos sería Saint Germain. Para algunos ha iniciado hacia mediados del siglo XX, para otros inició hace apenas algunos años atrás.

Esta era astrológica es un período de tiempo que se corresponde con el desplazamiento en 30 grados de arco del eje terrestre, tal como lo escribió el jesuita Manuel Lacunza al realizar la exégesis del Libro del Profeta Daniel, titulado «La Segunda Venida del Mesías en Gloria y Majestad», publicado en Italia hacia el 1800 y que el General Manuel Belgrano hiciera publicar para traer a Sudamérica, cosa notoria en Belgrano porque se trataba de una obra prohibida por la Iglesia Católica. Curiosamente, en ese Libro, el expulso Lacunza sin tratar sobre Eras o Casas astrales, señala que sería un «Tiempo de Balance», de poner cuentas en orden para aguardar el regreso del Cristo, cosa de la que últimamente se habla mucho en las redes sociales. ¿Coincidencia?

Esta Era es un tiempo de lavado, de purificación, de sanación natural. Es un momento en que se redescubren los beneficios de la meditación y la elevación a través de una mayor vibración de la conciencia. El signo de la Era es la tolerancia y la prédica del Amor universal en un marco de respeto hacia todas las criaturas del Orbe.

Al hablarse de la disolución de las cristalizaciones (dogmas) en este Tiempo, se dice del fin de los fanatismos y de la intolerancia. Es una conciliación entre el Espíritu y la letra de las profecías, sobre todo bíblicas, percibidas con mayor alcance a través de las experiencias intuitivas, imaginativas y sensitivas. El razonamiento positivista y matemático abre camino a una experiencia espiritual desconocida.

Lo mismo que el agua que se vierte en vasos comunicantes y que encuentra su equilibrio, de la misma manera se trabaja para una interacción armónica entre el hombre y la mujer en un concepto de igualdad de condiciones. No hay elementos contrarios sino complementarios.

El neófito o el incrédulo negará estas realidades, a quien habrá que recordarle de qué manera los viejos estatus oscurantistas del medioevo han ido cayendo; luego, es un momento de transición y por lo tanto de crisis (que etimológicamente significa cambio). Hay un cambio donde los derechos de la mujer van siendo reconocidos.

Es este básicamente un tiempo de cambios de paradigmas, cambios profundos que ya se pueden ir comprobando en los hechos diarios y donde el lugar de la mujer cambia radicalmente porque al romperse las estructuras caducas de una sociedad que había relegado a la mujer a segundos y terceros lugares, cuando no la había ignorado totalmente.

Es en este momento donde hay un sesgo espiritual profundo que marca el cambio de la Era aunque la mayoría lo ignore y otros lo nieguen, cambia el modelo de educación para la vida y la mujer retoma el sitio de «Mater et Magistra» -parafraseando a Cicerón respecto de la definición de historia-, no sólo como madre sino como eje de la historia humana.

Notamos a diario cómo la realidad humana, social y ambiental está cambiando. Los espíritus más sensibles pueden percibir que corren aires de renovación. La sabiduría se escapa del concepto académico y asume el conocimiento como una materia connatural al individuo.

Es un momento de cambio irreductible porque como dicen los estudiosos, es un imperativo cósmico que se impondrá a pesar de que la realidad social se oponga, a pesar de que los sistemas de poder lo nieguen. El cambio ha comenzado y la figura protagónica de ese cambio es la mujer.

El feminismo o el feminazismo

En este punto -acordando que el tema es bastante más profundo, claro- es donde se ha dividir el Feminismo -con mayúsculas- de esas expresiones reaccionarias y violentas que no elevan a la mujer, sino que la degradan. Si se atiende con cuidado al reclamo de estos grupos facciosos, se comprobará que los «derechos» que reclaman terminan destruyendo a la mujer, reduciéndola a un objeto descartable. El tema más sensible es el reclamo del derecho al aborto que colisiona con el don más sublime que caracteriza a la mujer y la ubica por sobre el hombre mismo ya que su naturaleza es de origen divino -como veremos- y ha sido dotada de la inapreciable capacidad de transformar almas en seres humanos. Ya sólo por eso la mujer adquiere una estimación superlativa.

La mujer, además, ha sido dotada del don de la intuición que la convierte en un ser trascendental en el marco de la ciencia cosmobiològica y que le permite conocer y comprender los procesos que se avecinan. En este Tiempo de cambios cósmicos, ese carácter sitúa a la mujer como «protagonista social en la construcción del futuro».

En su excelente trabajo «El rol de la mujer en el proceso cultural de la Era de Acuarius», su autora, Jennifer Crowther La Riva (2019), señala acertadamente que la mujer se posiciona «No sólo en el rol de madre, esposa, sino también en el dominio público del líder femenino.»

Para una mentalidad clásica y sobre todo impregnada de religiosidad católica o islámica, lo que decimos en estos párrafos resulta sino risible por lo menos escandaloso. Esos individuos atrasan según la marcha del reloj cósmico porque la nueva Era ya está planteando desafíos espirituales e intelectuales desconocidos a los que hay que saber adaptarse; estamos asistiendo al momento de una apertura universal que representa un reto a la mente humana que fabrica el futuro en el presente. Eres -serás- lo que decidas ser en tu mente y no lo que los padres, las iglesias, la sociedad o el sistema determina que seas.

Es un momento revolucionario.

Ahora bien, se equivocan los movimientos «feminazis» cuando pretenden «liberar» a la mujer de cadenas sociales cuando la mujer como ser humano primero debe operar una liberación propia, interior, caso contrario, todo lo demás son expresiones fascistas condenadas a morir en el intento, porque se trata de un despertar de la conciencia colectiva y no de un «colectivo de mujeres». He allí la gran -enorme- diferencia.

Esos grupetes de rebeldes sin causa no han evolucionado para comprender que se trata de una sagrada obra espiritual que debe realizar cada mujer en su interior para poder luego dar lo mejor de sí en la tarea de ser madre, educadora, profesional o líder.

Colofón

Es un momento extraordinario, una vivencia única que nos toca vivir en el marco de los últimos siglos porque es un Tiempo de inflección, donde la inercia de la historia se quiebra y cambia de sentido. La historia deja de ser lineal y rígida para convertirse en una realidad existencial superadora, ascendente ¡y trascendente!

Es el Tiempo de formar en los hijos, en los alumnos, espíritus reflexivos, analíticos, porque este Nuevo Espacio de historia exige ya de espíritus amplios, fortalecidos, capaces de comprender el signo de la Época y trabajar en conjunto.

Para quienes venimos formados en un pensamiento de sólido cuño católico -por ejemplo- la asimilación de este proceso representa el abandono de los dogmas y de toda cobertura católica para abrazar el espíritu cristiano en estado puro. El cristianismo a diferencia del catolicismo busca la liberación de los espíritus, no su sujeción a lideres terrenales. El Cristo, como regente de la Era de Piscis, vino a fundar un Pueblo sacerdotal y profético, no una casta de sacerdotes con privilegios propios de un Sanedrín judaico ni mucho menos misóginos cuando la Mujer es la gran protagonista del Evangelio y de la Buena Nueva.

En una contradicción dialéctica el magisterio católico proclama «A Cristo por María» y es verdad, obviamente; pero en la praxis, el catolicismo ha reducido a la mujer al sitio de una servil del hombre, negándole por ejemplo el acceso al culto, cuando San Pablo resalta ciertos roles eclesiales ejercidos por las mujeres como el liderazgo comunitario, la profecía o práctica misionera. Lamentablemente esas experiencias fueron extinguidas hacia mediados del siglo II cuando la jerarquía comenzó a fortalecerse con cabeza en los hombres, consolidándose luego del Edicto de Milán en 313 con el emperador Constantino.

¡Ríndase la Humanidad ante el Imperio de la Mujer de la Nueva Era! En este Tiempo donde recupera su lugar como en el Empíreo dantesco, como el Ser que salido de la mente del mismo Dios y que fue capaz de desobedecerlo. ¿Qué habría sido de la humanidad si Eva no hubiera utilizado sus dones de Razón y Libertad para comer del fruto prohibido? Tal vez seríamos semidioses o alguna especie de seres etéreos. Pero la desobediencia de la mujer le dio entidad a la Humanidad -porque venimos del humus-, por Ella nació la historia que paradójicamente la negó y ahora es llegado el Tiempo en que recupere su estatus porque «El Tiempo está cerca» (Ap. 22, 10-21), y le toca a la Mujer conducir ese Destino.

El Cristo, jamás llama a su madre por su nombre, sino que siempre le dirá «Mujer…». Ese Cristo que sella la importancia de la mujer al obedecerla en las Bodas de Caná cuando la madre le pide salvar la situación de la falta de vino: «Mujer, ¿qué nos interesa esto a ti y a Mí?» (Jn. 2, 4), instante categórico donde se revela la dimensión espiritual del Jesùs que, siendo Dios, obedece a la Mujer. Y desde allí hasta el instante supremo de la Pasión cuando le dice: «`¡Mujer, he ahí a tu hijo»! (Jn. 19, 26).

Cantaremos, finalmente, con José de Espronceda, aquellos versos del Romanticismo español, cuando dice que la mujer, «Como el rayo de la luna o el rayo del sol que muere o que nace en la aurora, que cruza el bosque umbrío o se refleja en las aguas de un río, el brillo de la estrella lejana, que el poeta cree ver flotando en las nubes lejanas o en las olas del mar como una nueva Venus» y escribe:

¡Una mujer! En el templado rayo

de la mágica luna se colora

del sol poniente al lánguido desmayo

lejos entre las nubes se evapora:

sobre las cumbres que florece mayo

brilla fugaz al despuntar la aurora,

cruza tal vez por entre el bosque umbrío,

juega en las aguas del sereno río.

 

¡Una mujer! Deslizase en el cielo

allá en la noche desprendida estrella,

si aroma el aire recogió en el suelo,

es el aroma que le presta ella.

Blanca es la nube que en callado vuelo

cruza la esfera, y que su planta huella,

y en la tarde la mar olas la ofrece

de plata y de zafir donde se mece.

¿Qué sería del hombre sin la mujer que lo entrega a la Tierra desde sus entrañas, lo limpia y enseña en el arte de la Vida, lo acompaña en la adultez, lo complementa en la creación de la descendencia y lo asiste en los instantes de la partida?

 

 

 

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