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Del Evangelio herético dominical: Reflexiones en torno al Infierno

¿Existe ese lugar tan escalofriante llamado Infierno? De ser así ¿Hallaremos quienes vayamos allì a seres alados de puntiagudas colas y orejas al estilo "Señor Spok"? ¿Seremos punzados por tridentes y ubicados en Círculos concéntricos cuya profundidad será proporcional a los pecados cometidos? Ahora..., ¿Qué será más castigo, hallarse con Belcebú y Los Antiguos, o permanecer una eternidad al lado de arzobispos, políticos, amantes contrariados o enemigos?

SALTA – POR ERNESTO BISCEGLIA.- Por definición «Infèrnum» etimológicamente quiere decir «algo que está debajo de», «inferior» o «subterráneo». En los textos más antiguos del judaísmo se habla del Seol y entre los griegos clásicos del Hades, sitios lóbregos donde las almas son torturadas «Ad Aeternum».

Pero, si el Padre Creador lo ha hecho todo y Él es Amor en Sí mismo, ¿Por qué habría de crear un sitio tan espantoso para alojar a sus criaturas más díscolas o erradas? Si como humanos somos falibles y podemos caer en las tentaciones del poder, de la carne, de la lujuria que proporciona la soberbia. En la envidia hacia quienes son o poseen más… y así. ¿Y el «Amor» que se nos predica del Todopoderoso?

Claro, por esta lìnea de razonamiento desbarrancaremos necesariamente en lo que la Iglesia Católica en su faz más obscena ha concebido a través de esa contradictoria definición de «Santa» Inquisición, que torturaba hasta lo indecible al infeliz que cometía herejía y luego lo quemaba vivo (podía ser con leña verde para que fuera más espantoso si el reo era contumaz e impenitente), todo en nombre de un «Dios que lo amaba». Una concepción solamente posible en la mente de degenerados tonsurados, obviamente.

Aquí es donde debemos separar a Dios de los ensotanados y sus dogmas que colisionan con el principio básico, con el Don de dones: La Razón y su consecuencia inmediata: La Libertad. Porque Dios no desea que ninguna de sus creaturas padezca el fuego eterno sino que sean salvos. Prueba de ello es el envío de su Hijo que conduce a la redención a través de la muerte en la Cruz (Romanos 5-6,8).

He aquí pues la raíz y razón del conflicto. No existe la herejía que el perverso catolicismo condena porque hereje es aquel que se alinea con Dios absolutamente pues etimológicamente «Hereticus» proviene del latín y significa «opcional», o sea «el que elige libremente»; ergo, hereje es el que realiza la voluntad del Padre haciendo uso de su Razón y Libertad. Existe claro, otra acepción de hereje que es aquella sobre la cual trabaja la perversión de los tonsurados y las desviaciones mentales de los jerarcas de cualquier religión: «Hereje es el que se aparta de la doctrina establecida». Fácil, hereje es aquel que hace trastabillar el sistema de poder y dinero de las religiones.

Pero el hereje al poder optar en los términos del pensamiento divino puede ir al Infierno y Dios que lo ama esencialmente lo dejará ir porque es su elección. Dios respeta la libertad del hombre hasta en el último error.

Aquí es donde cae el sustento de todas las religiones ya que Dios no creó ninguna religión. Cristo no vino a fundar el catolicismo sino la prédica del Amor Universal. Que Constantino y los jerarcas religiosos del siglo III (Edicto de Milán) hayan visto el negocio y el sistema de dominación es otra cosa. De hecho, todo dogma religioso (como político) es contranatura.

Al momento de la muerte, el hombre ya hizo su elección y según las Escrituras no existe Purgatorio porque Mateo enseña que «…E irán estos al castigos eterno y los justos a la vida eterna» (Mt. 25-46).

La «quaestio» de fondo

Pero en la raíz del dilema de la condenación está la razón de vivir que hayamos tenido. ¿Quienes irán a dar al fondo de la Gehena? Aquellos que jamás se jugaron por nada, los pusilánimes, los tibios, como bien lo sentencia el Apocalipsis «Porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.» (Ap. 16).

El poeta italiano, Dante Alighieri, en la Divina Comedia lo expresa claramente, diciendo que se encuentran entre lamentos de dolor y de ira «las gentes que vivieron sin gloria ni infamia», es decir los infelices, los eunucos mentales, los acomodaticios, los oportunistas, los miserables.

Allí padecerán los miserables junto a los ángeles rebeldes que se rebelaron por no querer participar de la Causa de Dios y los enajenados por la soberbia de sentirse superiores. Pero los peores -y coincidimos con Dante- son «los pusilánimes, desnudos, acosados por avispas, moscones y gusanos, los que por cobardía hicieron la gran renuncia» y representa a estos infelices en la figura del Papa Clemente V, aquel que se vendió al rey Felipe de Francia para terminar con los Caballeros Templarios en 1313.

Por fin, indagaremos en las condiciones bio-químico y física del Infierno, según un clásico texto que pregunta ¿Es el Infierno exotérmico (desprende calor) o endotérmico (lo absorbe)?

Según un informe realizado en su momento con alumnos de una universidad comentando la Ley de Boyle (el gas se enfría cuando se expande y se calienta cuando se comprime), la cosa sería así:

«En primer lugar, necesitamos saber en qué medida la masa del Infierno varía con el tiempo. Para ello hemos de saber a qué ritmo entran las almas en el Infierno y a qué ritmo salen. Tengo sin embargo entendido que, una vez dentro del Infierno, las almas ya no salen de él. Por lo tanto, no se producen salidas. En cuanto a cuántas almas entran, veamos lo que dicen las diferentes religiones. La mayoría de ellas declaran que si no perteneces a ellas, irás al Infierno. Dado que hay más de una religión que así se expresa y dado que la gente no pertenece a más de una, podemos concluir que todas las almas van al Infierno. Con las tasas de nacimientos y muertes existentes, podemos deducir que el número de almas en el Infierno crece de forma exponencial. Veamos ahora cómo varía el volumen del Infierno. Según la Ley de Boyle, para que la temperatura y la presión del Infierno se mantengan estables, el volumen debe expandirse en proporción a la entrada de almas.

Hay dos posibilidades:

1)- Si el Infierno se expande a una velocidad menor que la de entrada de almas, la temperatura y la presión en el Infierno se incrementarán hasta que éste se desintegre.

2)- Si el Infierno se expande a una velocidad mayor que la de la entrada de almas, la temperatura y la presión disminuirán hasta que el Infierno se congele.

¿Cuál de estas dos posibilidades es la verdadera?:

Si aceptamos lo que me dijo Teresa en mi primer año de carrera («hará frío en el Infierno antes de que me acueste contigo»), y teniendo en cuenta que me acosté con ella ayer noche, la posibilidad número 2 es la verdadera. Doy por tanto como cierto que el Infierno es exotérmico y que ya está congelado.

El corolario de esta teoría es que, dado que el Infierno ya está congelado, ya no acepta más almas y está, por tanto, extinto.

¿Será por esa razón que el mal está tan extendido sobre la Tierra? Porque ya no existe el Infierno y los demonios vagabundean libremente por el orbe y al ser más hábiles e inteligentes han poseído a arzobispos, papas, políticos y presidentes y así el mundo camina al borde del estallido.

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