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Los agónicos estertores del kirchnerismo: Una sociedad sodomizada por psicópatas

Nada existe superior a la República. Las teorías del derecho divino murieron en el siglo XVIII, los pensamientos totalitarios han sido derrotados por la realidad del Mercado. Con sus luces y sombras es la democracia liberal y laica la mejor forma de gobierno para los pueblos. Cuando un grupo de personajes pretende posicionarse más arriba de las Instituciones, la sociedad civil corre el riesgo de perder la paz social. Hacia eso nos lleva el kirchnerismo en los días de su agonía irreversible.

SALTA – POR ERNESTO BISCEGLIA.- Un psicópata es, por definición, un individuo que padece un trastorno antisocial de la personalidad (TAP), que disminuye o impide su capacidad para la empatía y dificulta su adaptación a entornos sociales con normas preestablecidas, como las leyes, los derechos individuales o el bienestar colectivo. En términos llanos y vulgares, «Es un tipo peligroso».

Cuánto más peligroso puede llegar a ser un conjunto de alterados mentales con la suma del poder. La historia nos enseña cómo terminaron los megalómanos del Imperio Romano, de qué manera sucumbieron los «hijos de los dioses» del Absolutismo moderno, las matanzas de los regímenes autocráticos de Lenin, del «Pepe» Stalin, Adolf Hitler, Fidel Castro, y más recientemente, Hugo Chávez y su demente sucesor, Nicolás Maduro, y un párrafo especial para otro desequilibrado como Vladimir Putin. Esos hombres no llegan solos ni se mantienen por sì mismos, llegan con el apoyo del pueblo y rodeados de una caterva de estultos como ellos. Los resultados abonan nuestra hipótesis.

En la República Argentina con el kirchnerismo ha pasado lo mismo, ahora que se encuentra como diría el tango «cuesta abajo en la rodada», comienza a mostrarse la verdadera índole de esta horda de salvajes terroristas, porque eso fueron, subversivos que en los años setenta atentaron contra su propio líder, Juan Domingo Perón. Son los mismos que quisieron voltear a la viuda del líder y secesionar al país con una zona franca -la provincia de Tucumán- con el trapo rojo como bandera. Estos son los que se levantaron en armas, desde la clandestinidad, brotando como las alimañas «desde sus albañales asquerosos» -como diría León XII de los revolucionarios americanos-; allá están ministros, legisladores, gobernadores algunos, todos signados por un prontuario criminal, autores intelectuales y materiales de atentados masivos, jefes de operativos de secuestros extorsivos y torturadores de empresarios, políticos y militantes que actuaban en los sótanos llamados «cárceles del pueblo».

Estos son los que combatimos desde nuestro humilde lugar desde hace dos décadas, predicando como Juan en el desierto, diciendo que eran infames traidores a la Patria, pero antes traidores a los ideales del peronismo, porque esta pandilla nunca fue peronista sino que su esencia es la delincuencia. Hoy, lamentablemente para el país y para los argentinos bien nacidos, las consecuencias están a la vista.

Habiendo tratado de los psicópatas y perversos en el poder, abonemos algunas letras sobre el concepto de sodomía, término de referencia bíblica por Sodoma, aquella ciudad destruida por la furia de Dios; pero básicamente digamos que por tal se entiende una conducta sexual delictiva «considerada contranatural, indecente o inmoral», dice alguna definición legal. En la base, sin ingresar en la descripción física de la sodomizaciòn, la psicología coloca a la bestialidad.

Configurado así, el kirchnerismo literalmente a sodomizado a la sociedad argentina porque nunca hubo gobierno sino sometimiento bestial, brutalidad. Esta cáfila ha sodomizado a la República y a todos los argentinos porque todo durante estos veinte años ha sido «contranatural, indecente o inmoral», según lo define la ley.

En horas en que «el incendio de Roma» va tomando cuerpo, hemos de preguntar solamente: ¿Dónde está nuestro sistema educativo? ¿En cuánto pueden calificarse nuestros alumnos? ¿Cuál es la excelencia de los universitarios que vienen de dos décadas de cultivo sistematizado de la ignorancia institucionalizada? Sólo quien no pisa un aula puede negar que los universitarios hoy no saben leer de corrido ni comprender los textos.

Preguntémonos también, ¿En qué estado está la salud pública? La pandemia demostró que ya se venía mal y que todo ha quedado peor. Las tasas de desnutrición y mortalidad infantil demuestran que hemos retrocedido a índices de Namibia. «Los únicos privilegiados son los niños y los ancianos», recita el libro de las «Veinte Verdades Peronistas» y resulta que los niños ya tienen hipotecado el futuro porque sus cerebros no se recuperarán del daño por falta de alimentación y los ancianos languidecen con jubilaciones míseras y sus haberes saqueados para tentar tapar el desgobierno y la corrupción.

Ha sido este un gobierno indecente, porque la Justicia -la poca que queda en pie- ha demostrado que la jefa de la banda -CFK- junto a sus adláteres han robado, han delinquido, han desfalcado al Estado nacional. La historia argentina reciente no registra el antecedente una vicepresidente (con «e», porque hasta el «presidenta» es antinatural gramaticalmente hablando), que haya sido condenado en un juicio con todas las garantías constitucionales.

Finalmente ha sido un gobierno inmoral porque ha subvertido el orden natural de las cosas donde en la cúspide de la pirámide de la legalidad está la autoridad. El kirchnerismo ha destruido todo concepto de autoridad, ha confundido el orden público (regido en la Constitución Nacional) con represión dando rienda suelta y fomentando todo tipo de desorden y caos. Es inmoral porque ha dejado al país indefenso destruyendo sistemáticamente sus Fuerzas Armadas, algo ilógico y demencial en cualquier país moderno. Es inmoral porque el kirchnerismo ha destruido la base del progreso social como es el concepto del trabajo para subsidiar la vagancia y generar cuadros militantes de genuflexos obedientes a cambio de un mendrugo mientras los hundió deliberadamente en la marginalidad y la miseria más abyectas. Lo denuncia el casi 50% de pobreza y el más de 8% de indigencia.

¡Ah, pero Macri!

El interregno protagonizado por Mauricio Macri, un individuo más inoperante que la misma Isabel Martínez de Perón, un verdadero fracaso y un liso y llano traidor a la Patria igual que estos que se están yendo que no titubeó en llevarse el poco oro argentino nada menos a los depósitos del Banco de Londres, ha venido a servir de pretexto a esta gavilla de hampones que intentan justificar sus crímenes contra la República señalando al discapacitado ingeniero como único culpable del quebranto del país cuando el mayor daño que le ha producido Macri ha sido permitir con su incapacidad el retorno del kirchnerismo para que ejecutara su tercer acto donde asesina a la República. ¿Puede alguien en sus cabales pensar que cuatro años de gobierno en manos de un incapaz pueden hundir a un país a estos límites? ¿Pueden pensar que cuatro años de un «gobierno» con la suma del poder no sólo no han podido corregir el rumbo sino hundirlo más y ser la culpa de otro?

La tragedia argentina del kirchnerismo finaliza. El monstruo en sus estertores finales, enfurecido por la derrota tratará de destruir cuanto más le sea posible, porque está en la naturaleza de estos villanos la práctica de la violencia, del crimen, de la sodomía como satisfacción ególatra de su dominio sobre los otros, sobre todos.

El saldo es doloroso, el país destruido hasta los cimientos, tanto que tomando hoy la decisión de un cambio de rumbo profundo, por lo menos dos generaciones no llegarán a ver la recuperación.

Todo en ruinas, sí, pero se cumple inexorablemente aquello que sentencia que «El crimen nunca paga».

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