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Breve Ensayo Crismal y Herético: El Cristo, el mito, la realidad y la manipulación

Ninguna creencia puede ni debe ser sufragada por el Estado que siendo republicano, por definición, debe ser laico. Las creencias son una parte ínsita, connatural a cada persona. Luego, es importante leer, conocer y reflexionar los Libros sagrados para evitar toda manipulación que deja de ser espiritual para convertirse en ideológica.

SALTA-POR ERNESTO BISCEGLIA.- Si el fiel no conoce la religión que profesa puede caer en el engaño de quedar en la superficie de su creencia donde el mito lo transporta a realidades imposibles y donde la profundidad del sentido religioso, aquel «religare» etimológico de religión (volver a ligar, a unir) se desvirtúa en manos de quienes adueñados de la administración del culto lo utilizan para jibarizar cerebros y reducir almas a la esclavitud.

Uno de los tantos Maestros que dimos en gracias de tener enseñaba que «No hay que ser turista de la Biblia sino ciudadano. Porque el turista sólo saca fotos, vistas de aquí y de allá, pero no puede transitar por la ciudad porque no la conoce». Y es verdad, cuánto de necesario es para el cristiano conocer la Escritura, sobre todo los Cuatro Evangelios y las Cartas de San Pablo, el Nuevo Testamento en general, y asì poder vivir sus enseñanzas con vitalidad.

Vivir la religión es como asistir a un concierto de música clásica donde antes hay que leer la biografía del autor, las circunstancias e inspiraciones que lo llevaron a componer esa obra, luego escuchar la ejecución de la pieza, porque entonces sí, uno puede disfrutar plenamente del concierto. Sólo así se alcanza esa fruición…, con la religión sucede igual.

Además, conociendo en profundidad al Cristo y sus circunstancias, se evita caer en las manipulaciones de terceros que conducen al fanatismo. El Cristo no es de derecha ni de izquierda sino que es centralidad existencial pura.

Porque el Evangelio ¡es esencialmente potencia liberadora! ¡Buena Nueva! El Cristo es el sumun del ideal del hombre pleno, ¡Libre! En Èl descubrimos al hombre de mansedumbre, al líder en sentido pleno, el que encarna todos los ideales que en tono platónico -diríamos- subliman la idea suprema del BIEN. ¿Qué sentido tiene la religión sin la savia vivificante y sapiencial del conocimiento?

Sólo conociendo la Escritura el fiel puede separar el mito de la sustancia espiritual; evitar la manipulación de los pseudoteólogos de almas disecadas de tanta teoría teologal, porque la religión es Camino (Jn. 14,6), sòlo cuando es vivencia; entonces se convierte en Verdad (Cfr. Idem) y concluye en plenitud de Vida (Cfr. Idem Jn.).

Claro, si los fieles conocieran en profundidad y meditaran las Escrituras, abrevaran en los Evangelios y sobre todo en Pablo… ¿Cuántas curias, dicasterios, organizaciones, movimientos y predicadores caerían en la pobreza? Que no sería evangélica, precisamente.

Si el Evangelio no es presencial en el alma, en el cuerpo sólo es rito, vacua manifestación pública que se traduce en un sentimentalismo colectivo, arreo de masas para colectar limosna, sacrificios y privaciones sin redención alguna. Pues…, si acaso estas manifestaciones populares conducidas por ilustrados tuvieran un ápice -grano de mostaza- de fe ¿No se observarían inmediatos cambios sociales? Pero no es así.

Por el contrario, pasado el jolgorio de días entregados el pueblo a la francachela de la pesca, el asado de viernes (en alguna parroquia incluso como en tantas veces participáramos) o el ocio comunitario, la sociedad continúa lacerada por el latrocinio, la violencia social, la expoliación económica, la marginalidad creciente, y así… ¿De qué ha servido el feriado? Sólo saciedad de poder y vanidad (Vanitas, vanitatem…-Ecl. 1-) de los tonsurados.

Ni siquiera el clero es alcanzado por la Gracia de estas fechas (Y saben algunos a què nos referimos). ¿O hemos visto alguna manifestaciòn pùblica de arrepentimiento y pedido de perdòn de algunas de las partes en pugna? ¿Dònde el obispo como «Et super hanc petram aedificabo ecclesiam meam» ha obrado un gesto de misericordia o pedido de perdòn? ¿O las clausuradas «ad aeternum» han dicho «mea culpa» por alguna supuesta ruptura a la Regla? No.

Vírgenes aparecen y desaparecen, Cristos se manifiestan en la humedad de las baldosas, Santos ascienden y brotan videntes y sanadores, pero ESA conversión popular no aparece.

En fin, tal vez sea un cargo de la historia misma; al fin y al cabo, los miles que se constituyeron en torno al lago de Galilea, ¿buscaban escuchar la Palabra del Hijo del Hombre o saciar sus vientres del hambre terrenal? (Mt. 14, 13-21)

¿No ocurre lo mismo en estos días en cada «mise en scene» de crucifixión? ¿O de ficción?

Diremos entonces con el evangelista: “El que quiera entender esto que lo entienda” (Mateo 19, 12).

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