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Sobre la estupidez de “defender la Patagonia”: El problema no es Lewis sino los gobiernos

En un arranque de pseudo patrioterismo (no patriotismo) grupos organizados de orientación izquierdista emprenden marchas y tomas de terrenos hoy privados so pretexto de defender una soberanía que en esa región jamás existió. La falta de conocimiento de la historia los lleva a convertirse en instrumentos baratos de grupos de poder. La ignorancia siempre cuesta dinero y vidas.

SALTA-POR ERNESTO BISCEGLIA.- Una revisión a la historia expondrá que la Argentina resultante de la caída del Virreinato del Río de la Plata tuvo como límite político sur las adyacencias de la Isla Choele Choel hasta donde llegó Juan Manuel de Rosas .

La Patagonia siempre fue un territorio por lo menos enigmático sobre el cual los gobiernos especularon sobre sus riquezas y posibilidades sin que jamás asumieran una política de Estado para integrar efectivamente a toda esa inmensidad como parte activa del territorio nacional, es decir, hubo siempre un fracaso en la nacionalización del espacio y de la sociedad patagónica… o quizás un interés económico nunca revelado y vinculado a los negocios entre los colonos patagónicos en su gran mayoría ingleses y chilenos (que en un punto resultan lo mismo) y los gobiernos de turno junto con los grandes empresarios.

Nunca existió una nacionalización de la Patagonia, de hecho, en un mapa que publica Víctor Martón de Moussy -1860-, se muestra a la región como “América indígena independiente”, es decir, no perteneciente al país que para ese año ya producía su primera reforma constitucional.

Si el proceso de civilización impone avanzar con la educación, a la Patagonia jamás llegaron las escuelas que sembró Domingo Faustino Sarmiento. Así, la economía del territorio continuaba siendo primaria, basada en la explotación de los ovinos que crecían en las dilatadas estancias que su mayoría pertenecían a colonos británicos que exportaban a Inglaterra la lana merino y que los ilustrados porteños de Buenos Aires adquirían en forma de abrigos y bufandas “de fino origen inglés”.

El Coronel, José María Sarobe (1888-1946), en su trabajo “La Patagonia y sus problemas”, denuncia ya en la década de 1930 que uno de los grandes problemas de esa región es “el negocio sólo lucrativo para las grandes empresas comerciales usufructuarias de tierras fiscales, que han ido absorbiendo a los pequeños criadores mediante el endeudamiento y que conciertan los precios de la carne con unos pocos frigoríficos de la Patagonia Austral y Magallanes, sin control estatal alguno”[i]

Aquí está uno de los males –sino el mayor de todos- de la política argentina, su tendencia a mantener vigente un pensamiento neocolonial que en el caso de la Patagonia Austral hacía que toda la producción de carnes se orientara hacia los frigoríficos extranjeros favorecidos por una clase gobernante y agroproductora que hasta la llegada de Juan Domingo Perón “intentaba mantener la vinculación neocolonial con el Reino Unido”[ii]

La complejidad del tema demandaría un estudio y detalle más pormenorizado de la situación que excede a esta nota, de modo que adelantando tiempos, digamos también que gran parte de la estructura social patagónica del siglo XIX tenía raíces británicas, no sólo entre los estancieros sino también en las clases más bajas.

En su trabajo “Ley y bandolerismos en la Patagonia argentina, 1860-1940”, Gabriel Rafart, cita varios casos de “pungas” que formaron verdaderas familias como el caso de Elena Greenhill, quien llegó de Inglaterra a la Patagonia –Neuquén- junto a su familia. Esta mujer montó una verdadera cadena de negocios de ambos lados de la Cordillera siendo su biografía una muestra del “complejo entramado de negocios desarrollado en la comunidad de británicos, creado por los primeros colonos y sostenido por sus descendientes, en esta parte del territorio argentino.”[iii]

La bandolera inglesa Elena Greenhill

En su interesante trabajo “Las tierras de los ingleses en la Argentina (1870-1914), Eduardo José Míguez, citando a Halperín, dice: “junto con ellos  -los colonos- quienes los han marginado de sus actividades tradicionales se hacen presentes en las zonas rurales (…) donde no existen limitaciones legales para que los extranjeros accedan a la propiedad inmueble, habrán de radicarse hacendados británicos y norteamericanos.”, y cita a Tulio Halperín Donghi.[iv]

Estas palabras bastan para configurar a toda la extensión patagónica como una verdadera “tierra de nadie” que fue aprovechada desde la Declaración de la Independencia (1816) por los extranjeros para establecer sus negocios con el silencio o quizás también complicidad de los gobiernos porteños que participaban en los negocios.

Vale decir, que desde los albores del país la explotación de la riqueza patagónica estuvo en manos británicas mayoritariamente porque los ingleses que llegaron al Plata, si bien no muchos en comparación con otras nacionalidades, hicieron rápidas fortuna que invirtieron en la adquisición de tierras. Dice Míguez al respecto que “Así, a partir de la década de 1850, a los nombres de los tempranos comerciantes británicos que habían adquirido propiedades rurales se fueron sumando los de nuevos inmigrantes provenientes del Reino Unido. Los apellidos de origen inglés, escocés e irlandés se hicieron cada vez más frecuentes entre los terratenientes de la región”.[v]

 La “Patagonia Rebelde”

Decimos siempre que la ignorancia mata y hacer perder dinero. Las hordas de fanáticos que intentan inmolarse en los campos del terrateniente Joe Lewis, ni siquiera han leído a un mentor de la izquierda fascista y nihilista como Osvaldo Bayer quien en su excelente obra “La Patagonia Rebelde” retrata perfectamente toda esta cuestión que venimos desarrollando.

En ese libro, Bayer, plantea el problema de los levantamientos de peones rurales en la Patagonia y caracteriza perfectamente a los anarco-sindicalistas que levantan a la peonada contra sus patrones en su mayoría ingleses cuyos apellidos consigna.

Allí, Bayer, resume la historia de la Patagonia como tierra de colonos ingleses con influencia chilena y en el final retrata de manera impecable cómo el Coronel Varela, enviado por Hipólito Yrigoyen a dar fin a esa cuestión es condecorado por la Sociedad Rural, el gobierno local y los empresarios británicos. En ese momento, Varela se da cuenta de que ha sido engañado.

 

El caso Lewis

El caso de Joe Lewis cuya trayectoria y posesiones patagónicas no citaremos aquí porque información pública y publicada por todos los diarios argentinos, no es extraño a la historia de aquellas latitudes.

El magnate Lewis “compró en condiciones dudosas las 8 mil hectáreas que rodean el Lago Escondido, un reservorio de agua glaciar en la provincia de Río Negro, lo que lo convierte en aguas de uso público”[vi]  Dicha compra –año 1996- se habría efectuado con la bendición del presidente “peronista”, Carlos Menem, y la anuencia del entonces gobernador radical de Río Negro, Pablo Verani. Por tratarse de recursos naturales públicos, el cercamiento y “privatización” que hace Lewis resulta hasta anticonstitucional.

En síntesis, la explotación de la Patagonia por capitales foráneos tiene más antigüedad que la Patria misma, y si tenemos que decir que ningún gobierno actuó en defensa de todo ese patrimonio nacional, la vara les cae a los Kirchner que además tienen el agravante de ser oriundos de la zona.

¿Cómo es entonces que en más de dos décadas en el gobierno, los Kirchner jamás hablaron de esa ocupación territorial? ¿Por qué tanto Néstor como Cristina Kirchner nunca tomaron medidas? Por el contrario, se dejó establecer una base “científica” China que violenta toda norma constitucional.

Luego, estos “militantes de la nada”, personajes desocupados y sin orientación en la vida, ahora son utilizados para una supuesta “cruzada” contra el terrateniente foráneo. No se trata de otra cosa que una distracción o intento de tal para la opinión pública fabricada por un gobierno con la complicidad de un par de sindicatos adeptos y alguna organización para tratar de desviar la atención sobre la ruina estrepitosa del país.

Si alguna marcha hay que hacer, no es contra los alambrados de Lewis o de los otros, sino contra las rejas que rodean a la Casa Rosada. Ya tendrían que haber hecho esta pueblada contra Mauricio Macri, gran amigo de Lewis y luego contra el demente de Alberto Fernández que todavía funge como presidente de la Nación.

Pero claro, mientras la historia del país siga siendo la materia oscura, la materia gris de los argentinos permanecerá comprimida y dominada.-

 

CITAS:

[i] Sarobe, José María. “Los problemas de la Patagonia”. 1935

[ii] Sarobe, José María. Op. Cit.

[iii] Gabriel Rafart. “Ley y bandolerismos en la Patagonia argentina, 1890-1940”

[iv] T. Halperín Donghi, “La expansión de la frontera de Buenos Aires (1810-1852)” en M. Giménez Zapiola (comp.), El régimen oligárquico, Buenos Aires, 1975, p. 60. Sobre el particular, puede verse también Diana Hernando, Casa Familia: Spatial Biographies in 19th Century Buenos Aires. Tesis doctoral inédita de la Universidad de California, Los Ángeles, 1973, pp. 31-35, 95 y también la lista de comerciantes terratenientes británicos en p. 199.↵

[v] Míguez, Eduardo José. “Las tierras de los ingleses en la Argentina (1870-1914).

[vi] Perfil. Quién es Joe Lewis, una de las 500 personas más ricas del mundo y dueño de Lago Escondido”. Edición Digital.

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