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Andate a Brasil nomás… Yo me voy a Cafayate

El legendario Umberto Eco supo afirmar que las redes sociales “Han promocionado al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad", dura reflexión que indica que cualquier posteo anónimo puede ganar la fuerza de una sentencia y confundir al público. La diferencia entre no querer, no poder y el mercado.

POR ERNESTO BISCEGLIA.- Bastó un posteo de vaya a saber quién para que se desfogue una suerte de fiebre haciendo llover críticas sobre “lo caro que es Cafayate” llegando al nivel de extravagancia –lo decimos así porque somos educados- de sostener alguien que “Es más barato ir 15 días a Brasil” que visitar la perla de los Valles Calchaquíes.

 

Está demostrado lo fácil que resulta armar una operación de prensa a través de Internet. Las estadísticas demuestran que cuando un periodista sube una nota a un diario digital y publica en los primeros cinco comentarios datos desfavorables al contenido publicado, la tendencia será a continuar la ristra de insultos o denostaciones. Por el contrario, cuando se ubican comentarios favorables el público operará a la inversa. Lo mismo ocurre cuando un particular sube a sus redes un posteo favorable o difamatorio el resultado será igual.

 

Esto es lo que ha ocurrido con alguien que puso una foto con la frase “Es más barato ir a Brasil 15 días que a Cafayate”; lo curioso es que en este caso hasta cierta prensa se ha sumado a la movida difamatoria siendo que muchos de los que han opinado no han visitado Cafayate y mucho menos Brasil. La opinión en redes sociales así como gratis es también peligrosa. Más todavía, algunos de esa «cierta prensa» son luego los primeros en solicitar entradas de favor para la «Serenata a Cafayate».

 

Es verdad también que pueden existir quienes hayan visitado Cafayate y hayan resultado timados por comerciantes inescrupulosos que se aprovechan de la ocasión, pero no menos cierto es que todo turista sabe de suyo que cuando llega a un lugar no ha de sentarse o consumir en el primer lugar que se le ofrezca. Bien dice la Ley que “nadie puede alegar su propia torpeza”, hay que observar primero.

 

Luego, todos los restaurantes y peñas tienen la obligación de exponer al ingreso la Carta con el menú y los precios. De necios es ir a sentarse a un lugar donde se anuncia que es caro o no comprobar cuánto cuesta consumir en ese lugar antes de pedir.  En nuestra nota anterior citamos a la famosa Lita de Lazzari que enseñaba que para hacer economía “Hay que caminar”.

 

Por otro lado, y esto hay que decirlo, notamos una ausencia de políticas de comunicación turística tanto local como provincial. Promocionar un lugar no significa sólo publicar un “flyer” con la leyenda “Vení a …”, sino todo un corpus de medidas y acciones tendientes a promocionar el sitio y proteger al visitante, entre otras cosas de los vivos de ocasión.

 

Hemos observado personajes que publican textos del tipo “Me cobraron tanto por tal cosa. No vuelvo más”. El escribiente de esta nota supo sentarse cierto día en la Piazza Navona de Roma y pedir una “latina” de Coca Cola que pagó al precio de un salmón ahumado en Noruega, sin embargo, volvería a Roma, sólo que cuidaría de no cometer el mismo error. Es decir, hay que distinguir el sitio donde uno consume de la gente y de la imprudencia propia.

 

Cafayate ofrece posibilidades que hay que saber disfrutar. El mismo viaje nunca es igual porque el mismo paisaje tiene colores y formas de sombras diferentes según la hora, el día, que siempre impactan al espíritu atento. Amanecer en Cafayate con la vista de las cumbres cercanas rodeando a la ciudad mientras el cálido sol de la mañana va pintando acuarelas en las calles y edificios a la vez que los pájaros pueblan el aire con trinos no tiene precio, si de eso hablamos. Cafayate, aún urbano es un viaje a la Naturaleza.

 

Estas observaciones son válidas “Urbi et Orbi” porque donde se fuere habrá que cuidar el monedero, obviamente. Pero hay que dejar claro algo y es que vivimos tiempos donde el romanticismo y la inocencia han sido percudidas por esa palabra que marca las tendencias y se llama MERCADO.

 

El Mercado no tiene color ni calor ni sabor, sino PRECIO.

 

Todos los sitios de este Planeta y sus habitantes cotizan según lo que tienen para ofrecer. Y Cafayate ha ganado un espacio singular en la grilla turística de modo que es lógico que se cotice. De allí surgirá el querer ir a un sitio tan particular y poder hacerlo. Si alguien dice elegir Brasil porque es más barato que Cafayate –cosa que sabemos que no es así-, es porque no desea ir o no puede hacerlo.

 

Hay quienes han elegido ir a Brasil y han resultado contagiados con norovirus además de traer solamente los horribles confites llamados “garotos” que nada tienen que hacer al lado de los alfajores cafayateños, por ejemplo.

 

Pero si se QUIERE IR a Cafayate, el visitante llegará tanto en colectivo, con su mochila al hombro y buscará un camping o el fondo de la casa de un amigo. O bien podrá llegar en avión privado y pagar los dólares  que cuesta la noche en un Resort de alto nivel. En cuanto a la comida, habrá quien decida pagar $500 pesos la empanada o si busca paisaje y paz  comer un sándwich sentado en el cantero de la Plaza mientras conversa y comparte su comida con los burros que mantienen el césped cortado.

 

El MERCADO, les guste o no, pone a cada uno en su lugar.-

 

 

 

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