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¿Fukuyama tenía razón?: La historia ha terminado y Fernández, Lula y Maduro son excedentes residuales de una revolución inexistente

La hipótesis de Francis Fukuyama proclamada hacia fines de los ’80 sostenía que las ideologías eran el motor de la historia. Con la caída del comunismo es tensión entre izquierda y derecha quedó sin sentido y significó el triunfo de la democracia liberal y de la economía. Se terminaron las guerras sangrientas.

POR ERNESTO BISCEGLIA.- Hoy, a casi tres décadas, el pensamiento de Fukuyama pareciera tener visos de razón aunque siempre guardando la prudente distancia de la lógica porque en cuestiones de evolución humana nada es taxativamente predecible. Sin embargo, es un hecho que continuar pensando en términos de bloques de izquierda y de derecha es un anacronismo peligroso.

 

A esto lo comprobamos al estudiar los regímenes pseudo-marxistas/maoístas como el de Cuba, Venezuela, Argentina y el ahora caído en desgracia, Brasil. El razonamiento es simple, si los minus habens que gobiernan tuvieran razón al aplicar fórmulas de izquierda, estos países deberían contarse entre los primeros de la Tierra. Sin embargo, como las ideologías ya no sirven, luchan contra una “derecha” que tampoco tiene sustento porque es el mercado el que regula la vida de los humanos. Ya supo sentenciarlo Bill Clinton: “¡Es la economía, estúpido!”

 

Ahora bien, para esta izquierda nihilista la derecha liberal es sinónimo de dictadura; sin embargo, es en estos países donde más se violan los derechos humanos, se restringen las libertades, se violenta la Constitución y por supuesto, la economía está hundida. Brasil todavía sobrevive porque su establisment es más corporativo y se sostiene sobre pilares todavía mercantilistas. Veremos qué ocurre cuando Lula Da Silva decida empujar todo al lóbrego pozo de una ideología inexistente.

 

Contradictoriamente, estos “gobernantes” que predican contra la derecha utilizan para mantenerse en el poder procedimientos autoritarios, destruyen la educación cambiándola por adoctrinamiento, empobrecen a la salud pública y someten al pueblo a la hambruna conscientes de los daños irreparables que produce para el conocimiento, es decir, fabrican zombies amaestrados por el relato mítico de un Nirvana que no existe. Aniquilan todo concepto de autoridad y orden público consagrando el caos social y la única movilidad social que logran es la de los jefes del régimen y sus adláteres que se enriquecen de manera escandalosa mientras la vida social se deteriora a niveles que costará más de medio siglo recuperar. Y eso comenzando ahora.

 

Prueba tangible de que las ideologías han muerto es la guerra entre Rusia y Ucrania donde Vladimir Putin es cualquier cosa menos un comunista. Putin lucha por consolidar un proyecto hegemónico, es un restaurador del concepto imperial de la “Madre Rusia”, mientras del otro lado el occidente ya ni es pro-yanqui, sino un bloque que lucha por mantener el estatus quo mercantilista. En el medio los árabes gritan “¡Alá Akbar!” pero intentan mantener el precio del crudo en un mundo que cambia hacia la movilidad eléctrica y alternativa. Más allá, los chinos que ni se acuerdan ya de Mao y hasta reformaron su Constitución reconociendo la propiedad privada piensan en términos de control planetario global y estratégico. Todo esto dicho así, someramente, claro.

 

De allí entonces que continuar admirando al “Che” Guevara, citando a Fidel y pensando en el “Cuco” de la derecha es un delirio propio de espíritus no evolucionados.

 

Porque aquí viene la parte más interesante. La “Revolución” que proclaman estos perdidos en la historia ya no existe. Las “Revoluciones” en el mundo han terminado.

 

Hay que pensar ahora en términos de “Re-evolución”, es decir, repensar y poner a discusión a todas las categorías: la economía, la religión, la política, al hombre y a la mujer. El Planeta asiste a una evolución de la conciencia. Lo notamos en las generaciones más jóvenes que asumen los cambios con una naturalidad que los que vivimos la edad madura nos escandalizaría.

 

Somos la última generación que discute en términos de derecha y de izquierda. De creyentes y ateos, de católicos y judíos, de blancos, negros o amarillos. El tiempo que adviene es el de la universalización del conocimiento que es UNO. En la primera etapa la discusión es tener o no tener, pero vamos irremediablemente hacia el tiempo del Ser o No Ser.

 

Las ideologías han terminado, de hecho, ya no existe ninguna militancia partidaria porque no hay por qué ni para qué militar. Precisamente, en estos países pretendidamente de izquierda es donde no existen los partidos políticos y se impone el pensamiento único, paradójicamente el que ellos denuncian que impone la derecha. Luego, la “grieta” no es más que un negocio política y la última expresión de una manipulación mental.

 

Repensar el sistema, concebir a la democracia desde las bases –el Municipio-, reconsiderarse cada uno en su esquema mental, son apenas el ABC del cambio de Conciencia universal que ya ha comenzado.-

 

 

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