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Serenata a Cafayate: El extraño fenómeno de una prensa que ataca el patrimonio intangible local

Se aproxima uno de los Eventos más relevantes del calendario turístico-folclórico de Salta como es la “Serenata a Cafayate” y la prensa local lejos de animar este hecho cultural que marca el talante del salteño ante el país y el mundo, se ensaña en la crítica a partir del precio de una docena de empanadas.

POR ERNESTO BISCEGLIA.- Los extremos son siempre exagerados, de manera que la defensa en clave chauvinista de lo local puede resultar tan exagerada como la despiadada crítica; luego, es necesario ubicarse, como diría Aristóteles, “En el justo medio de la prudencia”.

 

En las últimas semanas los diarios locales –“anche” nacionales-, incluso importantes referentes se han hecho eco de críticas por los desmadrados precios de comidas e incluso por lo que consideran altos valores en las localidades puestas a la venta para disfrutar de las tres noches de un espectáculo folclórico saludado desde hace muchos años como uno de los más rutilantes del país.

 

Pero “vamos por partes” como diría aquel célebre londinense de Whitechapel y ubiquémonos en el tiempo y la circunstancia socio-temporal de un país que se desguaza económicamente a diario. Luego, aceptemos sí, que la viveza como la salsa criolla siempre están presentes y son picantes, pero para remediar esto último existe lo que la economía llama el “libre juego de la oferta y la demanda”.

 

Entonces, un Festival como la Serenata a Cafayate, demanda costos que el común desconoce y hay que señalar lo complejo que resulta sostener esta tradición en épocas donde no se sabe qué pasará mañana con la economía y donde los artistas de primer nivel cobran cifras abultadas celebrando contratos con bastante tiempo de antelación. Los gastos de organización y montaje, de traslados y hotelería y así una larga lista de erogaciones que demanda poner en marcha este espectáculo que durante décadas viene colapsando la ruta y a la ciudad de Cafayate.

 

Algo extraño pareciera existir en la crítica al precio de las entradas porque a poco más de un mes de realización de la “Serenata” las localidades más costosas del último día ya están casi agotadas, tal como lo muestra la captura de la empresa que las vende.

La captura corresponde al día 03 -sábado- cuando actúa el Chaqueño Palavecino. Las indicadas en verde son las disponibles.

 

La gastronomía y hotelería

 

El detonante de toda la crítica parece haber sido la denuncia anónima de un turista que alega haber pagado la dislocada suma de $ 4.800 pesos la docena de empanadas. La verdad es que sufragar el mordisco del más histórico y tradicional producto (Ya el General San Martín mencionaba a las empanadas) a $ 400 parece una barbaridad, pero dicho sea, el sitio donde el infortunado turista fue a degustarlas no es el único –ni mucho menos- de Cafayate.

 

Ya lo decía la finada Lita de Lazzari que “Hay que caminar buscando precios “y precisamente, una vuelta a la plaza central de Cafayate le dará al visitante una muestra de precios y calidades a la carta. De hecho, existen diferencias de precios entre locales que se hallan contiguos en rededor de la dicha plaza. Pero al fin de cuentas una empanada con más o menos es siempre una empanada y un poco más allá el turista encontrará locales con precios más razonables y un par de cuadras más lejos a la criolla señora cafayateña que las hace deliciosas a $ 600 la docena. Y así ocurre con todo lo demás. En el mundo del mercado todo se paga: el lugar, la vista, la música y hasta la exhibición del que consume.

 

No podemos seguir siendo “tradicionales” en un mundo competitivo. En Europa un café cotiza a un precio ingerido en la barra. El mismo café es más caro si uno se sienta porque cuenta el mozo que atiende y mucho más caro si se aposenta en la vereda porque “Usted paga el consumir bajo el nombre del local”. Siendo Cafayate un destino turístico internacional por qué no habría de aplicar estas normativas también. Es una cuestión de mentalidad y de ubicación: seguimos siendo un poblado o damos ese salto cuantitativo y cualitativo para crecer.

 

Otro tanto dirán de los hoteles y la regla es la misma. Cafayate ofrece hoteles de U$S 400 la noche y a los cuales se arriba en avión privado y hostales familiares de precios módicos para los que llegan en colectivo o en vehículo. En el camino hay de todo: “Hay que caminar…”

 

En suma, entendemos que estamos hablando de un Evento de renombre al cual el gobierno de la Provincia no le aporta ni un cobre más allá de que la primera fila siempre se reserva para el uso y goce de los principales funcionarios. Tampoco es mensurable el cuánto aportan las empresas participantes, primero porque es un dato que al común no le interesa, luego, porque cualquiera sea el importe que integren siempre los costos serán superiores.

 

En definitiva, la Serenata a Cafayate más que un espectáculo es ya una marca registrada “Urbi et Orbi” y que como todo lo tradicional se debe cotizar. De hecho, los vinos mientras más añejos son más caros y como la Serenata hay quien puede pagarlos y quien debe conformarse con un tetra brick.

 

Tampoco se le puede pedir al Municipio de Cafayate que controle precios porque hasta eso tiene un límite so pena de convertirse en un estado municipal dictatorial. Hay que mirar al mundo con mentalidad liberal y de empresa, insistimos en el libre juego de la oferta y la demanda que tiene su contraparte en la compra o no por parte del cliente.

 

Se trata de optar por ver y cantar junto al Chaqueño Palavecino y otros artistas de renombre o asistir al Corso municipal para escuchar cantar a las Comparsas –tan tradicional como el folclore- por el módico precio de $ 2.000 la silla de plástico.

 

Más allá de todos los argumentos, para quienes creen que la Serenata a Cafayate es una oportunidad para el saqueo y creen que todo es caro, también existe una solución: NO ASISTIR.

 

Por lo menos así lo vemos nosotros.-

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