Gesta Güemesiana

Salta: Vamos hacia otra “Guerra de Recursos” pero no tenemos ni Güemes ni capitanes

La coyuntura nacional es precisamente eso, nacional, es decir que nadie escapará al tsunami que ya está tocando nuestras puertas. Todos advertimos que comienzan a faltar artículos, bienes e insumos mientras los precios corren desbocados. Nos han llevado a librar otra vez una “Guerra de Recursos” que significa imponer la imaginación y el consenso frente a la falta de logística. Pero ¿Hay en Salta dirigencia capaz de librar esta batalla que ya comenzó?

SALTA – POR ERNESTO BISCEGLIA.- (Publicada originalmente el 24/Jul/2022) Es el momento de la política por encima de cualquier otra actividad. Pero como diría Leandro Alem en el “Discurso del Frontón”: “…en hora tan infausta  (…) No es solamente el ejercicio de un derecho, no es solamente el cumplimiento de un deber cívico; es algo más, es la imperiosa exigencia de nuestra dignidad ultrajada, de nuestra personalidad abatida; es algo más todavía, señores: es el grito de ultratumba, es; la voz alzada de nuestros beneméritos mayores que nos piden cuenta del sagrado testamento cuyo cumplimiento nos encomendaron.”

Los salteños quizás más que ningún otro pueblo tenemos como legado “ese grito de ultratumba”, y somos herederos de esa “voz alzada de nuestros beneméritos mayores”. En Salta todo el mundo se llena la boca con el nombre del General Martín Miguel de Güemes, los primeros, los funcionarios del gobierno provincial que sostiene a un par de farabutes que supuestamente debieron haber hecho de los valores del General Güemes un catecismo histórico de contenido cívico para enseñar a los maestros y alumnos las virtudes superiores que ese bronce representa. Pero no, sólo estatuas, placas y vocinglería barata a precio muy caro para los salteños, pero de fondo no hay nada.

Y el tsunami nacional ya llegó y está inundando nuestras calles por más alegorías que el gobernador, Gustavo Sáenz, declame sobre el federalismo. Vivimos horas del unitarismo más infame horadando la raíz de nuestra esencia, diluyendo a nuestro “corpus” social, mientras en Salta preocupan las listas y los arreglos para las próximas elecciones que formar un Frente común para enfrentar la ola de la cuestión social que les puede estallar en la mano en cualquier momento.

Estos funcionarios no advierten que vivimos tiempos distintos, donde lo que ocurre en Balcarce 50 puede replicarse –corregido y aumentado- en el Centro Cívico Grand Bourg y la “Nube de Wilson” (nube de vapor previa al estallido, para los funcionarios que no han leído ni el Billiken) cubrirá a toda Salta con efectos que pueden ser devastadores. De hecho, ya lo están siendo en aquellas comunidades donde el hambre deja huellas indelebles en cerebros que la Argentina del futuro ya ha perdido.

Una nueva “Guerra de Recursos”

Es necesario conocer la historia, interpretarla y sacar conclusiones, porque ya lo advirtió Aristóteles: “Episodios como la Guerra de Troya pueden volver a repetirse”. Y en la Argentina cíclica esto está ocurriendo, estamos viendo las imágenes del peronismo terminal del ’75, del ’89, del 2001, pero esta vez, repito, “corregido y aumentado”.

Y nos preguntamos entonces: ¿Qué ministro de este gabinete está en condiciones mentales de pensar una estrategia para acompañar el liderazgo de Gustavo Sáenz? ¿Puede un hombre solo batirse contra esta tragedia social que ya comenzó?

¡Es hora de la política! Y para eso necesitan convocar a hombres y mujeres de talla política. ¿O piensan enfrentar la coyuntura con un Ricardo Villada que no ha sido capaz ni siquiera de organizar una oposición respetable? ¿Qué haremos con los “comodities” salteños en un contexto internacional de guerra con un ministro cuya única responsabilidad sobre la espalda es cargar un poncho e informaren el gabinete que pagó diez metros de manguera para una obra?

¡Es hora de educar para un mundo  que ya ingresó en la Cuarta Revolución Industrial! ¿Podremos preparar a nuestros descendientes para este momento cuando tenemos un esquema educativo inmóvil y decimonónico? ¿Vamos a batir esta cuestión social repartiendo bolsones y subsidios que ya no alcanzan ni para lo más elemental?

¿Podremos evitar el desborde social cuando no se puede controlar la inseguridad creciente en los barrios ni en los municipios? No hacen falta helicópteros sino políticas serias aplicadas al terreno educando a los ciudadanos en materia de seguridad.

¡Necesitamos ciudadanos saludables física y mentalmente! ¿Lograremos poner de pie a una Salta donde los gerentes de los hospitales se prestan insumos a condición de ser devueltos y el hilo de muertes por desnutrición no se puede cortar? Donde seguimos criando seres semi alimentados y carentes de lo más elemental.

 

Es la hora de la Historia

 

¡Allí está el bronce del General Güemes mirando hacia el futuro desde su altura! Pero mientras ese hombre superlativo nos enseña a otear el horizonte, aquí abajo hay dirigentes prebendarios y funcionarios indolentes, insípidos intelectualmente, que a esta altura de la gestión y de la historia no han demostrado absolutamente nada trascendente sino sólo vivir porque aún mantienen sus funciones vitales funcionando. Algunos que si acaso fueran medidos darían un encefalograma plano.

¡Es la hora de convocar a los más capaces como lo hizo el General Güemes! ¿Habría podido acaso el Prócer salteño realizar su Gesta inmortal con gente como esta?

Ya lo decíamos hace dos años atrás: ¿Qué “Guerra de Recursos” hubiera podido librar el General Güemes si  hubiera estado rodeado de incapaces, mal avenidos, gauchos matreros y malentretenidos? La respuesta es obvia: ninguna.

¡Es la hora de sacudirse a los ineptos y formar un consejo provincial con los salteños más despiertos de todas las áreas! Porque la crisis que vivimos ya no es de un gobierno sino de todos los salteños. Y como diría el General Juan Domingo Perón: “A esto lo arreglamos entre todos los argentinos o no lo arregla nadie”. Y estos funcionarios que se dicen peronistas debieran saberlo mejor que ninguno.

¡Es hora de demostrar grandeza! El gobierno, los gobiernos (municipios incluso), la oposición (si la hay) y los ciudadanos. Porque el federalismo es acción y no retórica. No decimos de llegar al extremo proclamado entonces por Roberto Romero que prometió la secesión de Salta si caía el gobierno nacional cuando el levantamiento militar contra Raúl Alfonsín, es una barbaridad.

Decimos –parafraseando a Ortega y Gasset- que es la hora de llamar “¡Salteños a las cosas!”.

Caso contrario, convocando a las palabras de Alem: “…la voz alzada de nuestros beneméritos mayores que nos piden cuenta del sagrado testamento cuyo cumplimiento nos encomendaron”, sonará hasta los confines de la historia y cuando volvamos a convocarnos frente al Monumento al General Martín Miguel de Güemes, deberemos de dejar los ponchos como la ofrenda atribulada y con la mirada gacha decirle “Discúlpenos, mi General, hemos traicionado su legado porque no fuimos capaces de unirnos para librar esta batalla”.-

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